Cargado estaba el ambiente en el salón de sesiones. Desde su curul, el panista Juan José Rodríguez Prats retaba a Marco Antonio Bernal. Le desafiaba a que subiera a tribuna a defender a los gobernadores priístas, a quienes aquél había llamado “virreyes, peligro para la democracia”.
“¿Para qué?... no tiene caso, ya les ganamos; ya perdieron el Presidente y ustedes”, respondía el diputado tamaulipeco. Y estaba por replicar un furioso Rodríguez Prats. Las pasiones parecían a punto de desbordarse. “¡Señor presidente, se están peleando!”, dijo con tono de escolapio chismoso José Manuel del Río Virgen, de Convergencia. Estallaron las carcajadas.
Pero más adelante, nuevamente los rostros eran serios, pesado el aire. Se hablaba de la guerra entre el gobierno y los cárteles del narcotráfico. Ricardo Monreal advertía que es lamentable el desgaste que está sufriendo el Ejército mexicano por culpa de las decisiones de los funcionarios civiles que insisten en que los soldados participen en esa lucha, en labores que no les corresponden.
La discusión, a pesar de que panistas y priístas habían negociado no citar a comparecer al procurador general de la República.
“Me parece una inmoralidad, una tristeza que traten de proteger a Medina Mora, a lo que queda del procurador”, señalaría el perredista Javier González Garza, quien posteriormente leyó información sobre supuestas violaciones a las garantías individuales de varios ciudadanos por parte de agentes de la SIEDO.
Ricardo Monreal, por su lado, expresaba que una vez que el Presidente de la República perdió la mayoría del Congreso, y el apoyo popular, en la segunda parte de su sexenio se sostendrá “en la fuerza de las bayonetas”. Dijo que la lucha contra el crimen organizado se está dando con fuerza, pero no con inteligencia, y que al mismo tiempo se filtra información a los medios que hacen juicios sumarios.
Un debate, éste, que ya no cambió la decisión de legisladores del PRI y del PAN. Negociaron no citar al procurador Medina Mora, no someterlo al linchamiento político y, a cambio, no atacar a autoridades de Chihuahua.
Pero nuevamente la tensión se rompió con otro juego. Gustavo Madero, del PAN, pidió la cámara a una chica fotógrafa; la revisaba, la mostraba al perredista Javier González Garza, y como otros reporteros gráficos ya los captaban, le propuso que estrecharan sus manos, para la foto. Y otra vez las risas.
Esos, nuestros legisladores…