LA JOLLA, California.— Desde 2004 se celebra en el Instituto de las Américas (IOA) el Taller Jack F. Ealy de Periodismo Científico, que cada año reúne a reporteros y editores de América Latina que elaboraron un reportaje visual o escrito de alto valor para la ciencia.
En esta sexta edición, el taller otorgó una beca con valor de 10 mil dólares a los mejores trabajos, además de ofrecer a los periodistas seminarios y conferencias de científicos reconocidos en todo el mundo, con la finalidad de conocer los avances en este rubro, así como aprender la mejor manera de difundir al público temas relacionados con la salud, el cosmos, el medio ambiente y otros temas científicos.
“La ciencia ya no sólo es materia para los laboratorios, ahora es también para el periodismo. Es importante que la prensa tenga la capacidad de explicar a los lectores lo que está sucediendo en el mundo y se puedan tomar buenas decisiones para enfrentar los problemas del medio ambiente”, señaló Jeffrey Davidow, ex embajador de Estados Unidos en México y actual presidente del IOA, durante la inauguración de las actividades del taller fundado por el licenciado Juan Francisco Ealy Ortiz, Presidente Ejecutivo y del Consejo de Administración de EL UNIVERSAL, en honor a su padre.
Intercambio de conocimientos
Durante los primeros días de actividades, los periodistas de diversas latitudes de América Latina han intercambiado ideas y conocido lo que hacen algunos científicos de la Universidad de California en San Diego, sitio que alberga al IOA.
Los asistentes coincidieron en que en América Latina, el público poco a poco ha ido cambiando su idea que tenía acerca de la ciencia, de algo aburrido o para expertos a ser un tema que atañe a su vida diaria, sobre todo, cuando se habla de pandemias (como en el caso de la influenza), desastres naturales o de contaminación ambiental.
Una de las conferencias que llamó la atención de los periodistas estuvo a cargo de Fay Crevo-shay, directora de Comunicaciones Costasalvaje, organización sin fines de lucro que protege ecosistemas de las costas de Baja California Norte y Sur.
Crevoshay demostró que proteger a una especie en peligro de extinción es posible, aun cuando haya que enfrentarse a barreras políticas y de idiosincrasia regional. Su organismo es conocido como el creador de la fuerte campaña que hubo a principios de esta década para proteger a las tortugas marinas y a no consumir los huevos de las mismas.
“Expusimos el problema de las tortugas marinas en México mediante difusión en canales de televisión y diarios, ya que simplemente en época de cuaresma morían entre ocho y nueve mil tortugas, porque la gente pensaba que era pescado, y es un reptil”, refirió Crevoshay.
Protegen especies
Ella manifestó que nunca ha recibido dinero del gobierno, pero que lo ha hecho su aliado en el combate al consumo de tortugas y otras especies en peligro de extinción.
“Solicitamos sin éxito al Papa que dijera a los feligreses que no consumieran tortuga en época de cuaresma; realizamos campañas con la modelo Dorismar, con El Hijo del Santo, Maná y otros grupos famosos y futbolistas para conservar los ecosistemas marítimos y terrestres y tuvieron mucho éxito, ya que el peligro de extinción se ha reducido drásticamente en los últimos años”.
Los ganadores de la beca fueron llevados al Estuario del Río Tijuana, Baja California, una reserva natural que está justo en la línea que divide a México de Estados Unidos.
“Aunque no lo crean, el clima es vital para la toma de decisiones políticas de un país”, dijo Óscar Romo, coordinador del programa de entrenamiento costero de esta zona.
Romo explicó que se trabaja en varios proyectos que ayudan a la conservación de esta zona, que es llegada de muchas aves migratorias procedentes de América Latina, además de peces, vaquitas marinas y plantas de diversas especies en peligro de extinción. “A la naturaleza no le gusta que la modifiquemos, por eso hay que saber cómo cuidarla”, comentó Romo al lado del muro de hierro que separa a México de Estados Unidos.