Cuando llegó el amanecer, y despertaron los que pudieron dormir aunque poco, y continuaban en vela los que se quedaron de guardia, el PRI seguía ahí, en las enormes pantallas, como el triunfador de las elecciones federales.
Justo a las seis de la mañana, la gráfica del Programa de Resultados Electorales Preliminares indicaba que el resucitado partido había llegado a los 12 millones de votos, mientras el caído panismo seguía abajo, con tres millones.
Así se mantendría la diferencia. Poco había ya por esperar. Las tendencias eran irreversibles, inalterables.
A esa misma hora, temprano, en la última de las columnas de las pantallas se señalaba que fueron más de un millón 800 mil personas las que votaron por nadie o contra todos, que el voto nulo se levantó así, si cabe darle esa denominación, como la quinta fuerza política del país.
El día después…
Apenas llegó a su despacho, el consejero presidente del IFE, Leonardo Valdés, revisó los periódicos, se reunió luego con su equipo. Continuaba de buenas. Uno de los porcentajes le había sido particularmente alentador: casi 45% de los ciudadanos fueron a las urnas, más o menos el promedio de participación en el esquema mundial, en países donde hay elecciones intermedias.
Un verde amanecer en las instalaciones del órgano electoral.
Verdes las barras de unas gráficas, las líneas de otras, el color que iluminaba en los mapas la mayoría de los estados. Ese es el color distintivo del PRI en la simbología del IFE, aunque en su propaganda, el Revolucionario Institucional haya adoptado hace algunos años el rojo.
Amanecer que encontraba trabajando a una parte de las 3 mil 352 personas que conformaron el equipo que hizo posible el funcionamiento del PREP.
Todas, todos, tuvieron un intenso domingo. Unos en los comités distritales, otros en los centros en los que se capturaba y enviaba la información de los resultados registrados en las actas que fueron llenadas al final de la jornada electoral en las casillas.
Y de ahí, al centro nervioso del programa, donde se verificaba y procesaba la información para mandarla a la sala de Consejo General, a las oficinas de los consejeros y los representantes de los partidos, y finalmente a las 18 grandes pantallas instaladas en la gran carpa, la llamada “macrosala de prensa”.
“La verdad, no habría por qué ocultarlo, estamos muy satisfechos. La información ha llegado sin problemas. Y ya superamos desde luego lo hecho en el año 2006, cuando pudimos capturar y procesar los resultados del 98.45% de las actas”, comentaría poco después de la una de la tarde al cronista de EL UNIVERSAL, el responsable del PREP, René Miranda Jiménez.
En esos momentos ya estaban en las pantallas los resultados correspondientes al 98.97% de las casillas. Imposible sería registrar la totalidad de ellas. Habrá paquetes que se tengan que abrir para recontar voto por voto. Nada grave. Errores al llenar las actas, o dichos documentos que fueron metidos en los paquetes junto a las boletas.
“Se me hace que todavía podemos tener medio puntito más”, confiaba el desvelado, ojeroso, despeinado pero afable René Miranda. Y lo tuvieron. Lo rebasaron. A las cuatro de la tarde, la captura de datos pasaba ya del 99.51%. Quedaban entonces 240 minutos de vida al PREP. Pero nada cambiaba ya en diferencias, porcentajes, barras.
Como había ocurrido cuando despertaron unos, continuaron en vela otros, las pantallas seguían ahí , y el amanecer era verde, de ese color la línea que cruzó justo a las seis horas, tiempo del centro, la cifra de los 12 millones de votos…