fidel.samaniego@eluniversal.com.mxPuntuales, a las ocho de la noche, en las pantallas aparecieron los mapas, las cifras, los porcentajes y las barras de las gráficas. Una de éstas era más alta que las otras. Se comenzaban a perfilar los resultados, el retorno de unos, la caída de otros y la inocultable presencia de un movimiento, el del voto nulo.
Se escuchaba una música suave. El violín sonaba a nostalgia. Centenares de miradas estaban en lo alto, en esos rectángulos que poco a poco eran alimentados con la información. Así, en ese primer momento, la ventaja del PRI sobre el PAN era de cerca de nueve puntos, pero también gritaba el 6.85% inicial para los votos nulos, por encima éstos de los contados hasta entonces para otros cuatro partidos.
Casi media hora después, estaban nuevamente reunidos los integrantes del Consejo General del IFE. Ante ellos, otras pantallas. Roberto Gil Zuarth, representante panista, volteó a ver una de ellas. No pudo evitar que se le marcaran tres surcos a lo ancho de la frente. Movió levemente la cabeza de un lado a otro y retornó a su lectura. Del otro lado, el priísta Sebastián Lerdo de Tejada sonreía levemente, se acariciaba el bien recortado bigote, confirmaba que la delantera en favor de su partido continuaba.
Doce horas más temprano, ellos dos abandonaron el salón de sesiones. En el vestíbulo, hablaron en voz baja. Gil Zuarth propuso a Lerdo de Tejada que no se golpearan verbalmente en los mensajes que pronunciarían en esa reunión de apertura de la jornada. “De acuerdo, pero hay algo que no puedo dejar de expresar”, manifestaría el comisionado del PRI.
Y lo dijo: “Demandamos desde esta mesa, una vez más, al Ejecutivo federal, que saque las manos del proceso electoral y que permita la libre manifestación de la voluntad ciudadana en las urnas”.
Ante ello, el enviado de la dirigencia nacional del PAN haría un llamado a todos los partidos y candidatos, y a los gobiernos, a actuar con lealtad democrática y sujetándose a la ley.
En ese momento, temprano, uno y otro, apenas se declaró un receso, estrecharon sus manos, se dieron un abrazo. Ya por la noche, cuando comenzaba a saberse parte de los resultados preliminares, Roberto Gil Zuarth se levantó pronto de su silla, abandonó el recinto junto con sus compañeros, sin hablar con nadie. Sebastián Lerdo de Tejada dejó que llegaran hasta él quienes le felicitaban. “Qué bonito se siente, ya ni me acordaba”, comentaría.
Una jornada en la que los momentos de mayor agitación en la sede nacional del IFE, con carreras, algunos gritos, decenas de cámaras, fueron por la presencia de un extravagante personaje de poco discreta camisa y desordenada cabellera. Para él los aplausos, las voces: “¡Pooonchito!”. Andrés Bustamante, el genial comediante, estaba ahí para trabajar.
Caminaban también o se metían a diversas cabinas, los divos y las estrellas. Los personajes del show mediático-electoral, los Alcocer, Merino, Córdova, Crespo, Zuckerman.
Un día de intensa actividad en la casa del organismo electoral. Miles de teléfonos móviles no dejaron de sonar. Reuniones por todas partes, en las oficinas de los consejeros, de los representantes de los partidos, de los directores de las diversas áreas.
Leonardo Valdés Zurita, el consejero presidente, quedó a solas después de la comida, un largo rato. Preparaba el mensaje que grabaría más tarde, para que fuera difundido a las ocho de la noche en punto. El mismo tuvo que esperar hasta que terminara la transmisión del partido de la Selección Mexicana.
Y llegó el momento. Todos los pasos conducían a la gran carpa, la macrosala de prensa. Y todos se colocaban ante las pantallas. Les envolvía el silencio. Se escuchaba esa música suave, con un violín con tonos de nostalgia, y aparecían las barras de gráfica, una más alta que las otras, los símbolos de un retorno y una caída...