El poeta campechano Sergio Witz quedó registrado, oficialmente y de manera definitiva, como el primer escritor en México que es sancionado y catalogado como un delincuente por lo que escribió en uno de sus poemas.
Después de ocho años de juicios en los que buscó defender su libertad de expresión, finalmente el poeta agotó todos sus medios de defensa y tendrá que cumplir con la sentencia que se le impuso de 50 pesos por haber incurrido en el delito de injurias a la Bandera Nacional.
Un tribunal colegiado se negó a ampararlo contra la sentencia —la mínima para este delito que puede llegar a alcanzar hasta 4 años de prisión— que se le impuso a manera de ejemplo y como un mensaje para quienes abusan de la libertad de expresión; y a fin de desalentar “las conductas antisociales de quienes atentan contra el patrimonio cultural de nuestro país y de los símbolos patrios que lo representan”.
Con esta sentencia se le puso fin al proceso que inició en 2001 cuando una asociación civil, encabezada por un exmilitar, acudió a denunciarlo ante la Secretaría de Gobernación porque se sintió agraviada con el contenido de su poema “La patria entre mierda”, que publicó en una revista local de Campeche, y que en una de sus partes dice:
Un poema que el mismo Witz ha reconocido que literalmente hablando no es bueno; que lo escribió en una tarde de febrero de 2001, en uno de esos ratos en los que se sintió profundamente decepcionado por los problemas políticos y sociales que agobian al país; que se publicó por equivocación porque se le traspapeló el que se iba difundirse en la revista; y que, de manera paradójica, se difundió y trascendió más allá de las fronteras de la ciudad amurallada de Campeche, gracias a la denuncia de quienes querían censurarlo.