TIJUANA, BC.– Perros famélicos, sarnosos, merodean y hurgan en los montones de basura. El viento arrastra desechos y el hedor de aguas negras campea en la atmósfera. Los meses de calor hacer proliferar plagas y enfermedades. No había autoridad sanitaria que apareciera aquí, en la depauperada colonia El Niño, hasta que irrumpió una alerta: la rickettsia, enfermedad infecciosa que puede ser mortal, brotó en zonas marginadas de Mexicali y Ensenada a partir de octubre, matando ya a unas diez personas. Todo mundo ha volteado a mirar a El Niño, donde se prevé que este mal de la pobreza podría ensañarse.
Luego de diez años de creado, en este asentamiento siguen esperando servicios públicos básicos. Carecen de agua potable y electricidad suficientes, y ni qué decir de pavimentación, drenaje y servicios de salud (sólo existe un consultorio que da diez fichas diarias para atender únicamente padecimientos leves). Lo poco que proviene del gobierno, dicen, llega “a cuentagotas”. Dos mujeres entrevistadas, que se identifican con sus apellidos Sandoval y Hernández, dicen que sólo en coyunturas electorales los funcionarios atienden algunas necesidades de la colonia, situada, entre Tijuana y Tecate.
Refieren también que vivieron una década sin agua potable y aguardan desesperados la pavimentación, pues en temporada de lluvia las calles son hervideros de parásitos y liendres. Lo que más les preocupa es la basura: puesto que no tienen acceso al servicio de recolección, la queman a cielo abierto o la arrojan en la periferia. El colmo de esta insalubridad, manifiesta a su vez Rufina Luévano, fue cuando arrojaron un cadáver, “aquí lo agarraron como tiradero de todo, hasta de humanos”.
Todos los días, entre 5 y 6 de la tarde, en El Niño –debe su nombre al fenómeno climatológico que eleva la temperatura del Pacífico y provoca lluvias torrenciales en la costa de Baja California– respiran nubes de humo, que al colarse por puertas y ventanas producen náuseas y males respiratorios.
Diez años después de que el entonces alcalde tijuanense panista José Guadalupe Osuna Millán, actual gobernador del estado, decidiera reubicar aquí a familias que residían en zonas de alto riesgo, el peligro persiste, aunque ahora es sanitario.
Durante 2008, los habitantes de El Niño padecieron una plaga de pulgas y garrapatas transmitida por perros callejeros. Luego sobrevino un brote de sarna que afectó a los niños. Esto y la indolencia gubernamental los decidió a controlar por cuenta propia la población canina. “Veíamos que las garrapatas subían por las paredes y nadie se aguantaba la rasquera. A los más chicos les empezó a pegar la sarna y pues tuvimos que hacer algo”, evoca una vecina entrevistada.
Brota en Mexicali
La rickettsia es un padecimiento producido por una bacteria que transmiten al humano las garrapatas, piojos y chinches, y que tiene síntomas semejantes a los de una gripa convencional, aunque si no se atiende adecuadamente antes de nueve días es mortal. Se creía superada, hasta que en la región de Los Santorales, en Mexicali, con unos 10 mil habitantes, a partir de octubre pasado han muerto diez personas, de las cuales cinco son casos confirmados, mientras que el resto está bajo sospecha.
Apenas el 28 de abril anterior, el fallecimiento por rickettsia de Lizbett Guadalupe Camacho Ramos, de 3 años, volvió a alarmar a la población. Más tarde aparecieron un caso en el fraccionamiento Villas del Rey, y dos en Ensenada, no obstante que la Secretaría de Salud estatal había establecido un cerco sanitario.
Angélica Pon Méndez, coordinadora de Epidemiología de la Secretaría de Salud estatal, reconoce que están bajo observación dos niños ensenadenses con un cuadro viral semejante al que se produjo en Mexicali.
A su vez, José Guadalupe Bustamante Moreno, secretario estatal de Salud, aseguró que debido a la rickettsia —asociada a niveles muy bajos de higiene— y también a la influenza, el Sector Salud se mantiene en prealerta epidemiológica en todo el estado, sobre todo en las áreas con mayores factores de riesgo, como la falta de limpieza.
En Mexicali, según la versión de las autoridades, fueron vacunados 6 mil perros, recogidas 4 mil toneladas de basura, y 8 mil casas y escuelas fumigadas, y se entregaron jabones contra piojos y garrapatas. A partir del lunes anterior estas medidas se extendieron a Los Arenales, en la delegación Centenario, y otras áreas del este de Tijuana. Y no obstante dicho cerco, un menor tuvo síntomas de la enfermedad el martes.
Bustamante Moreno descartó que y la contaminación y las muertes en las 14 colonias de la zona poniente de Mexicali, denominada Los Santorales, sea ocasionada por la Geotérmica de la Comisión Federal de Electricidad y por el Rastro TIF, en las proximidades de la zona afectada.
Muerto el perro...
Literalmente, los habitantes del fraccionamiento Villas del Rey supusieron que muerto el perro se acabaría la rickettsia: sacrificaron a un “chihuahueño” que, estaban seguros, contagió al pequeño Arturo.
Hace unas semanas, Arturito, de 9 años, recibió un perro como obsequio. En los días posteriores empezó con dolores de cabeza y huesos, fiebre y vómito. Doña Carmen, su madre, pensó que se trataba de una infección estomacal o de gripa. Era rickettsia. Médicos del Hospital General acudieron a la comunidad para llevar consigo al menor, vacunarlo y mantenerlo en vigilancia epidemiológica. Enseguida los vecinos sacrificaron a la mascota y la arrojaron a un canal, lo cual impidió que los médicos del departamento estatal de Epidemiología pudieran indagar si era el transmisor de la bacteria.
Caleb Cienfuegos, director del Hospital General, advierte que en Villas del Rey no debe haber temor, pues las casas de la familia de Arturo y las de sus vecinos fueron fumigadas.
Aparte, ahora las calles lucen un más limpias y las autoridades insisten en que la rickettsia ha sido controlada. Pero el miedo y la desinformación reinan en Los Santorales. Habitantes de sus 14 colonias dicen que aprendieron la lección dejada por las tres muertes reconocidas por el sector salud estatal o las diez de las que habla el secretario de Salud federal, José Ángel Córdova Villalobos, de modo que limpian sus casas, tiran constantemente la basura, se bañan de manera regular y algunos hasta adquirieron champús especiales contra piojos o garrapaticidas para sus mascotas.
Sin embargo, entre la gente más pobre las dudas sobre la enfermedad y el número de víctimas persisten. “No fueron tres muertos, como dice el gobierno, fueron más de doce… yo supe que toda una familia estaba infectada”, comenta Marta Rivas, de 33 años. En concordancia, Carlos Robles, de 28, cree que, a pesar de que en los noticieros locales se ha afirmado que han sido únicamente tres personas las infectadas con la bacteria, los hechos demuestran lo contrario.