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La misión duró 59 horas y 45 minutos de vuelo; “prácticamente fue como darle la vuelta al mundo” en avión. La larga travesía para regresar a casa de 138 mexicanos que estaban en China —junto con los 36 integrantes de la tripulación— concluyó ayer para estos viajeros estigmatizados por el virus de la influenza A (H1N1).
A las 6:20 horas —diez minutos después de que tocó pista— se abrió la escotilla del Boeing 777 de Aeroméxico, momento en el que uno de los oficiales del vuelo enarboló una bandera mexicana, lo que arrancó aplausos de quienes esperaban a sus familiares.
Con su bebé en brazos, una mujer fue la primera en salir del avión y bajar la escalerilla, acompañada por su esposo e hija. A esta familia le siguieron el resto de los pasajeros, decenas de rostros con la fatiga que ni el cubrebocas logró disimular.
Francisco Nicolao, piloto a cargo del traslado, con las visibles huellas del cansancio provocado por más de dos días de viaje no dudó: “Valió la pena, fue una misión exitosa, los trajimos a casa (…) a pesar de la hostilidad de las autoridades chinas”.
Aunque el capitán lamentó haber dejado en Hong Kong al mexicano diagnosticado con el virus que permanece en ese país.
La aeronave fletada por el gobierno mexicano para “rescatar” a los mexicanos varados en China y Hong Kong partió el domingo pasado en busca de los paisanos que las autoridades de ese país mantuvieron aislados.
Hizo escalas en Shangai, Pekín y Guanjzhou en China, con una última parada en Hong Kong para recoger a los pasajeros antes de tomar las coordenadas de vuelo rumbo a México.
Los pasajeros bajaron sin prisa; buscaban más allá de las luces de las cámaras a un ser querido, entre los familiares que aguardaban su arribo al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
Por la emoción mezclada con el cansancio de las 16 horas de vuelo que duró el último trayecto del viaje, algunos de los pasajeros ni siquiera advirtieron que la mujer al final de la escalerilla que les decía “bienvenidos” era Margarita Zavala, la esposa del presidente Felipe Calderón, aunque todos respondían con un “gracias” breve; otros la saludaron efusivamente e intercambiaron algunas palabras con ella, mientras a los niños les entregaba un regalo.
Con su llegada a México, los pasajeros del Boeing 777 dejaron atrás los overoles epidemiológicos que los obligaron a utilizar y que los cubrían de pies a cabeza, las horas de aislamiento, la toma de temperatura, las flores que autoridades chinas pretendieron obsequiarles a su salida. Sólo trajeron un muñeco de peluche azul que les regalaron a cada uno, conmemorativo de la Expo Hong Kong…como recuerdo de su estancia en tierras asiáticas.