Con las secuelas de la “influenza simple”, de acuerdo con el dictamen médico del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), Ramón Trueba comenzó a retomar su vida.
El lunes 27 de abril, el joven de 18 años presentó los síntomas de la enfermedad: temperatura de 38.5 grados centígrados, dolor de cabeza, tos y escurrimiento nasal. Acudió al INER donde le tomaron radiografías de los pulmones y le diagnosticaron “sospecha de influenza”; le recetaron el antiviral Oseltamivir, y lo enviaron a su casa.
Ahora Ramón sólo tiene “un poco de diarrea”, pero el resto de los síntomas desapareció. Por eso, ayer intentó volver a su trabajo, como encargado de la bodega del restaurante de un hotel, pero le dijeron que se presentará hasta el próximo 6 de mayo.
Ahora está en su casa con su esposa, Yazmín Vega González, y su hija de dos meses, Melanie, a quien los doctores le prohibieron tocar, para no transmitirle el virus.
Sólo tres días pasaron desde que empezaron los malestares. Llegó al INER con la esperanza de que fuera gripe, y “con un poco de miedo”, reconoce, por la epidemia de influenza. Su temor: haber contagiado a su pequeña de una enfermedad “que decían estaba matando a muchos”.
Una vez que le diagnosticaron influenza, se fue a vivir con su papá y su hermano en la unidad CTM Culhuacán, para no contagiar a su familia.
Ayer tuvo que regresar por la tarde a su trabajo, aún con las molestias en el estómago, a cobrar su sueldo en compañía de su esposa.
La joven pareja emprendió el viaje al hotel, ubicado en el centro histórico. Se tomaron de las manos como si nada hubiera pasado. A Ramón lo tranquiliza que su hija está bien. La idea de regresar al médico para un chequeo no le pasó por la mente: “Me dijeron que si continuaba con los síntomas volviera y si no, ya no tenía caso”.