jose.mejia@eluniversal.com.mx“¿Tiene cubrebocas?”. Es la pregunta que se volvió súplica generalizada ayer entre habitantes del DF y el estado de México que se acercaron a uno de los 110 vehículos de la Caravana por la Salud para detectar si son o no, víctimas de la influenza porcina. Los aspirantes a pacientes también solicitaron en menor cantidad condones o “pastillas contra la sicosis”.
Entre cuatro y cinco horas transcurrieron para instalar los puestos de atención, luego del anuncio realizado por la sub secretaria de Innovación de la Secretaría de Salubridad y Asistencia, Maki Ortiz, para diseminar las policlínicas, cuyo personal no registró ningún caso de influenza A o B, en el primero de los 30 días que harán trabajos de prevención y detección.
A las 10 de la mañana, las instalaciones de la Ssa parecían el centro de una reunión de estudiantes que acaban de terminar el bachillerato o licenciatura: fotos con los nuevos amigos, con los doctores que coordinan los trabajos, frente al edificio principal, con la enfermera de ojos claros y también al lado de la ambulancia que trajeron de su entidad.
La intención, comentó la doctora Ortiz, es hacer 275 mil pruebas de detección en los 110 puntos estratégicos, la mayoría de ellos, ubicados afuera de dependencias y organismos federales, incluido Palacio Nacional, tiendas de autoservicio y el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), donde se instalaron cuatro puestos.
Además de coordinarse de manera directa con el gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, la Ssa recibió el apoyo de doctores, enfermeras y promotores provenientes de Tamaulipas, Tabasco, Oaxaca, Michoacán, Puebla, Guanajuato, Tlaxcala y Guerrero.
Todos ellos con viáticos que alcanzan para instalarse en hoteles de tres estrellas, acceder a un desayuno y esperar a que lleguen las seis de la tarde, para cerrar el vehículo y comer otra vez.
La mayoría del personal médico foráneo llegó el miércoles por la mañana para recibir un curso exprés que tuvo una duración de entre ocho y 10 horas, donde les explicaron la diferencia entre una simple gripe, una complicación intestinal, ojos rojos por contaminación, dolores de cabeza por el calor, hasta los indicios claros de tener frente a ellos a un portador del virus.
Para llegar a este diagnóstico es necesario que el personal médico haga un par de valoraciones: primero con una especie de cotonete muy largo que introducen unos dos centímetros en uno de los poros de la nariz del paciente para sumergirla después en el líquido de una ampolleta. Si la coloración llega a cierto nivel, se pasará a otra revisión de 10 minutos en otros recipientes, que de confirmar el diagnóstico, enviará a la persona directamente a un hospital.
De acuerdo al monitoreo que realizó EL UNIVERSAL apoyado en el radio de unidades médicas, en el primero de 30 días que tiene previsto la Ssa llevar a cabo estos chequeos solamente hubo casos de gripes normales.
Con esos síntomas llegó Sonia a la unidad instalada afuera de la Secretaría de la Función Pública (SFP), quien conforme pasan los días eleva sus medidas preventivas en su departamento y lugar de trabajo: usa tapabocas y carga un trapo con cloro para limpiar todo lo que toca ella y su pareja.
En el arranque de estos trabajos, privó la desorganización, ya que mientras se anunciaba el programa, se distribuían medicamentos y material para llevar a cabo las pruebas, botellas de agua, trípticos, además de la asignación de lugares, a los cuales, fueron trasladados por un guía. Los vehículos estuvieron custodiados por patrullas.
Los centros de atención, que también recibieron peticiones de condones y “pastillas para evitar la sicosis”, comenzarán a trabajar este jueves desde las 10 de la mañana, con la promesa de llevar otras tres cajas con 200 cubre bocas, los cuales, desaparecieron en menos de una hora.