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Y en medio de la zona de dolor... ¡tacos, joven!

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Fidel Samaniego R.
El Universal
Jueves 30 de abril de 2009
fidel.samaniego@eluniversal.com.mx

Hay de tripa y de machitos, de longaniza y suadero. ¡Tacos joven! También, en otro puesto, consomé de carnero, barbacoa. Y más allá, caldos de gallina, tamalitos oaxaqueños, calientitos, a la mesa. Y hamburguesas, tortas gigantes. Comen con ganas dos jóvenes médicos. Platican, bromean.

Parecería que todo es normal, que nada ha pasado. Pero esos varios puestos, en ambas banquetas, protegidos por lonas… y algo más, funcionan sin problema alguno en la zona de hospitales, en plena crisis sanitaria, y pese a las prohibiciones del gobierno capitalino.

Cerca y lejos de ahí, ella se ve mal, está mal. Intenta sonreír, agita la mano, hace un ademán a su hermana que espera afuera. Deja que su hija la abrace. Le responde, le miente, que se siente bien. Pero casi de inmediato cierra los ojos como para evitar que por ellos se asome el dolor, y lleva la cabeza hacia atrás, se queda así, inmóvil durante largo rato. Tose, arde en fiebre.

Llegaron ellas después de viajar en el Metro y en una pesera. Temprano fueron a un pequeño hospital privado en su colonia. El doctor la revisó, le tomó la temperatura, casi 39 grados. Le indicó que se fuera cuanto antes al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias. Por ello, Bertha Cruz Rangel, de 63 años, con su hermana y su hija partieron, iniciaron un viaje que no saben cómo va a terminar.

Lleva casi una hora esperando en el servicio de urgencias. Apuntaron su nombre, la atenderán, pero debe esperar su turno. Y parece desfallecer. Sigue con los ojos cerrados. Suda.

“Así estuvo toda la noche con esos sudores, por la calentura. Y a tose y tose. Ya andaba mal desde el viernes de la semana pasada. Fue a su clínica del Seguro Social, la 19, le dieron algo, pero nada que se compuso. Volvió a ir ayer, le dieron otras medicinas y pues se puso peor en la noche. Ya apenas amaneció nos fuimos al hospitalito, y de allá para acá…”, platica Lilia, la hermana.

Cae el sol inclemente. Hacen guardia bajo una carpa periodistas de televisoras de Italia, España, Inglaterra, Francia e Indonesia. Comparten los servicios de dos camarógrafos mexicanos. Todos con cubrebocas.

Esperan, buscan qué grabar, con quién hablar, qué toma, qué caso de dolor, de angustia, puedan atrapar y enviar a su público. Una de las reporteras se acerca a un grupo, seis personas jóvenes, con los ojos llorosos, con el desconsuelo en los corazones. Les dieron minutos antes una terrible noticia: nada queda por hacer, deben prepararse para lo peor. Nadie quiere responder, se dan la vuelta, se van a otro lugar.

Zona de hospitales. Zona de pasos lentos, muy lentos. De dolores diversos. De miradas sombrías. De vigilancia policiaca en todos los accesos a todos los edificios. Impide el paso a urgencias del INER un tipo uniformado, con el rifle cruzándole el pecho. Adentro, los pacientes y un acompañante para cada cual. Zona de filas de familiares de enfermos, cerca del mediodía, para recibir informes.

Una noticia, una más, golpea aún más, preocupa a quienes se forman. Los que vayan a entrar a las cuatro de la tarde a la visita al pabellón en el que están los que padecen neumonía asociada con la influenza ya no podrán acercarse a ellos, como lo habían hecho hasta ayer. Tendrán que verlos a través de los cristales. No saben bien a bien, es más, ignoran la causa.

“Mi marido ya se sentía mal como desde hace un mes. Estaba con que si le daba la gripa, con que no. Llegó la fiebre, y el dolor de cuerpo, de huesos, de cabeza, de ojos, de todo. No tenemos Seguro Social. Fuimos a un médico particular, le recetó antibióticos, dijo que era amigdalitis. Nada. Fuimos con otro, a un hospital chiquito. Más antibióticos. Siguió cada vez peor. Y pues venimos para acá. Sí, tiene la influenza, está delicado, pero me dicen que mejora. No, no le doy su nombre, no quiero que lo vayan a tratar como un apestado”, dice una señora evidentemente agobiada.

Y allá adentro, del otro lado del cristal, Bertha Cruz espera que la atiendan en Urgencias. Otra vez la cabeza hacia atrás, y los ojos cerrados. Y la fiebre. Y el dolor. Y el sudor. Y el miedo.

Y cerca y lejos de ahí, en la misma zona de hospitales… hay de longaniza, de tripa, de machitos y suadero, de guisado, de barbacoa… ¡taaacooos joooven, páaaaseleeeee!



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Comentarios 1-20
DJEnyix
2009-04-30|16:12
Distrito Federal
Para las personas que pusieron su comentario un poco más abajo: Me sorprende el grado de ignorancia e incultura que tenemos en este país... en fin. Solo observo lo siguiente, la nota del amigo periodista, es un estilo literario llamado "crónica", y como tal, los hechos se narran según el orden temporal en que ocurrieron, a menudo por testigos presenciales o contemporáneos, ya sea en primera o en tercera persona. Las crónicas son también un género periodístico. Se las clasifica como "amarillas" o "blancas" según su contenido. Las "amarillas" tienen material más subjetivo y generalmente la voz autorizada es una persona o ciudadano común; las "blancas" usan material más objetivo y la voz autorizada es, generalmente, la autoridad, un profesional, etc.; las crónicas relatan sucesos, que se contrastan algunas veces bajo la perspectiva de lo actual, y, a diferencia de un artículo de opinión, no enuncian afirmaciones, no plantea tesis sobre hechos: simplemente se detallan los acontecimientos bajo el enfoque de quien los describe. Lo que quizo hacer nuestro compañero periodista, es una descripción de lo que ocurre afuera de un nosocomio, bajo la perspectiva de los acontecimientos actuales. Y siendo ello así, no solo me pareció una crónica interesante, bien realizada, sino oportuna, ya que nos da una perspectiva de la situación y las actitudes que está asumiendo la sociedad, más aquella, que vive el día a día con el problema. Felicidades al autor, y lo animo a seguir con este tipo de periodismo.
etellezec
2009-04-30|16:11
mexico
Mi crítica va hacia Marcelo Ebrart (perdón si lo mal escribo), pero como se le ocurre a su gabierno cerrar a los restaurantes y dejar abiertos a los ambulantes, digo abiertos porque no tiene control sobre ellos o influencia de clausura; señor jefe de gobierno (con minúsculas) las gente tiene que trabajar y ganarse el pan de cada día, ¿No sabe que las personas y las empresas comen de lo que venden, producen o hacen cada día? No todo funciona como en el gobierno que llueva o truene ahí está su salario y bonos. Si señor, en la iniciativa privada desde el "Puesto Laminero" hasta la Mercedes Benz hay que trabajar para tener ingreso y comer, y si el gobierno de esta Ciudad lo impide, estamos fregados...
rogeliohmx
2009-04-30|13:58
México
Estoy de acuerdo con el comentario anterior, no tiene mucho sentido la nota, si el tema central es la comida en la calle creo que todos podemos decidir si vamos a comer o no a tal lado, aun incluso si sabemos que hay una epidemia. Igual pasa conlos trabajos, el gobierno no tiene porque decidir si vamos o no a trabajar, puede sugerir mas no imponer, porque hay mucho flojo que le queda muy bien este puente forzado.
2009-04-30|08:19
Creo que todos nos vemos afectados con el tema de la influenza pero sabemos que la parte económica nos preocupa de manera importante, ahora deberíamos pensar que hay gente que necesita trabajar día a día para tener alimentos, como los comerciantes que nos narran. Y sinceramente por que el autor de la nota no critica al gobierno que desde 1999 se pidió la construcción de laboratorios y no se hizo nada porque necesariamente siempre atacar a la gente de bajos recursos. Para mi el principio de la nota no tuvo nada que ver con el tema del hospital. No se porque el autor de la noticia insiste en redactar este tipo de artículos banales. Este espacio nos deja mucho que desear.
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