juan.arvizu@eluniversal.com.mxLos estadios de futbol fueron “sellados” para prevenir que la concentración de aficionados abriera focos de infección de influenza porcina, de manera que la fecha quedó para los anales del balompié: a puerta cerrada transcurrieron los partidos en los colosos de Ciudad Universitaria y Azteca.
Mientras las estrellas del balón, del Pumas y Guadalajara, del América y del Tecos, jugaban en la cancha, las gradas estaban desiertas, pero dentro de un dispositivo de vigilancia que impedía entrar a gente no autorizada.
Fue un domingo futbolero para estar con los amigos en casa o en un restaurante, y de plano los fanáticos, los que integran las porras de los equipos, no se acercaron a los estadios.
Aunque los aficionados al balompié fueron “desinvitados” a los dos partidos de futbol (podrán reutilizar sus boletos comprados), el resto de los actores que “juegan” en un partido estaban puntuales en sus posiciones dentro de los estadios Olímpico Universitario y Azteca.
Destacamentos de Policía con sus cordones de seguridad se asaban al calor de la tarde y en el aburrimiento de la inacción, en espera de nada. El estadio de Ciudad Universitaria fue rodeado por un cordón de vigilancia.
Y sin embargo, se acercaban fanáticos, ya de los Pumas, ya del Guadalajara, que desde lejos miraban la zona de estacionamientos casi vacía, las puertas cerradas, y por el perfil del estadio podían ver partes de tribunas, sin ellos. Ni hablar. Sabían por qué.
“La jugada”, desde luego, estaba en la televisión y radio, en la transmisión, primero del partido UNAM-Guadalajara, y de igual forma después en el encuentro del América contra Tecos. La frustración de los resultados, es un virus viejo.
Día de futbol insípido, o sea, “a puerta cerrada”, por televisión, es decir, futbol de lejos. Es el precio del combate al virus.