La otra mitad de la revolución femenina les toca a los hombres. Deben permitirse llorar, aceptar que son sensibles, que se maquillan las imperfecciones de la cara. Tienen que saber que ser hombre no significa violentar, deben aprender a educar a sus hijos sin la pedagogía de la masculinidad: dejarlos llorar sin decirles “pareces vieja”; mostrarles cariño con un beso y ver a la pareja como a un igual.
Ellos hablan de ellas, de lo que les ha tocado cargar en la espalda sólo por haber nacido con genitales masculinos. Un modista, un investigador de género en El Colegio de México (Colmex) y un luchador por las relaciones igualitarias de género debatieron qué significa ser hombre.
“Ellas ya avanzaron, ahora es la era para que los hombres complementen la liberación femenina”, señalaron voces masculinas en el foro de EL UNIVERSAL.
Los tres dicen que los hombres deben aprender una nueva pedagogía de la masculinidad, pues hombres nacieron; cómo ser masculinos lo aprendieron de sus padres.
Se les enseñó que si de sexo se trata, lo divertido está fuera de casa, no con la esposa; como resultado, siete de cada 10 hombres no están muy seguros de a cuántas mujeres han embarazado.
“Históricamente han tratado de llenar con muchas vaginas el vacío que sienten por dentro”, dice Francisco Cervantes Islas, fundador del colectivo Corazonar.
El machismo ancestral no se ha podido superar. “Hoy nos toca revertir esto para construir relaciones equitativas, porque la equidad es la igualdad en la diferencia, es sentirnos bien con el otro”, subraya.
Para Alfredo Narváez, experto del Colmex, los hombres deben ser liberados. Ya no hay vuelta atrás: o progresan o regresan al México de los 50.
Cervantes explica que hay mucho enojo de las mujeres, pero lo que viene es una reconciliación; los hombres comenzarán a darle más valor al ser que al tener.
Macario Jiménez es modista y asegura que se ve más la feminización de los hombres. “Ya no se esconden para ponerse cremas antiarrugas; es más, hay toda una línea de productos de belleza para ellos. Van al gimnasio y cuidan su alimentación más por estética que por salud”, dice.
Las mujeres van paso a paso. Llevan tacones al trabajo. Se miran altas. Atrás quedó el traje sastre que Armani les diseño en los 80, un símil al de los hombres para que ellas trabajaran en espacios históricamente masculinos. Hoy van con vestido, con trajes femeninos, son supermujeres y las hay en cualquier clase social. Ellas han hecho la tarea, hoy les toca a ellos.