RANCHERÍA MONTELARGO, Tab.— Bajo un fuerte dispositivo militar y policiaco se llevaron a cabo, este lunes, los funerales e inhumación del agente preventivo estatal Carlos Reyes López y sus 10 familiares, asesinados a balazos la noche del pasado sábado.
En total fueron 12 las víctimas fatales de este episodio de terror, pero una ni era de este municipio, ni tenía parentesco con el policía. Se trata de Juan Manuel Álvarez, comerciante ambulante que hacía su venta en el lugar y momento equivocado.
Desde la noche del domingo, soldados de la 30 zona militar y agentes de la Secretaría de Seguridad Pública de Tabasco (SSPT) tomaron el control de las viviendas de los deudos y del panteón; nadie accedió a esos lugares sin previo interrogatorio.
También los militares se responsabilizaron de trasladar al cementerio a tres de los testigos que sobrevivieron a la matanza (uno herido de una pierna), para estar presentes en el entierro de sus familiares.
Los lamentos y sollozos de los deudos, amistades y vecinos de las 11 víctimas pasaron a segundo término por el desplazamiento del pelotón de soldados y policías que acrecentaban el ambiente de temor.
Las cerca de mil 500 personas que llegaron a expresar condolencias fueron sometidas a interrogatorio policiaco al llegar al acceso del camino que conducía hacia las viviendas donde fueron victimadas la madre, esposa, hijos y sobrinos del policía.
—¿A dónde va usted? —interrogaba un agente a cada persona que iba a las exequias.
—Al velorio —respondían.
—¿Al velorio de quién? —inquiría el policía en el acceso al camino que conduce a la zona donde eran veladas las 11 víctimas.
Culpan a reporteros
La férrea vigilancia castrense y policial alcanzó a representantes de los medios de comunicación, al quedarles prohibido el acceso a las zonas bajo su control.
El atrevimiento de este corresponsal de tomar fotos en el cementerio le generó una persecución militar, detención, amenazas, corte de cartucho de fusiles R-15, empujones, incautación de la cámara fotográfica y una larga discusión con el jefe del pelotón.
El militar dijo que fue por culpa de los medios de comunicación que se generó la masacre, debido a que le tomaron fotos a la matrícula de patrullas y transporte militar, así como a rostros de soldados y agentes.
—Quéjate donde quieras, aquí yo mando —respondió el uniformado con el rostro cubierto, ante la advertencia de que su actitud sería reportada con el comandante de la 30 zona militar, Jaime Rufino Hernández. Finalmente el militar desistió.