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Sicarios ahora son pieza clave contra policías

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Francisco Gómez
El Universal
Martes 17 de febrero de 2009
francisco.gomez@eluniversal.com.mx

Están considerados entre los más peligrosos sicarios o asesinos a sueldo del cártel de Tijuana. Su eficacia para matar los situó como guardaespaldas de sus jefes o líderes de células de “limpieza”, cuya misión era asesinar a los enemigos de la organización. Pero hoy son testigos protegidos o colaboradores de la Procuraduría General de la República (PGR), sus nombres en clave son Fernando y Guadalupe.

Ahora, ambos no sólo son piezas fundamentales de las autoridades judiciales para acusar a sus ex cómplices y desentrañar la estructura de la organización criminal a la que pertenecían. También se convirtieron, paradójicamente, en los principales acusadores de quienes por definición eran sus enemigos: la policía, y por lo menos 22 ex oficiales están en la cárcel por sus declaraciones de que éstos vendían protección al cártel de Tijuana, según el expediente PGR/SIEDO/UEIDCS/379/2008 al que tuvo acceso EL UNIVERSAL.

Los antecedentes de Fernando se sitúan con los llamados narcojuniors, grupo de asesinos al servicio del extinto capo Ramón Arellano Félix. El ahora colaborador de la PGR fue detenido en febrero de 2002, cuando el jefe del cártel de Tijuana fue abatido por la policía en Mazatlán, Sinaloa.

Por su destreza con las armas y su pasado como policía federal, Fernando acompañaba al también llamado Señor Mon en la misión para asesinar a su enemigo Ismael El Mayo Zambada. Pero las cosas salieron mal. Fueron identificados, su jefe cayó en un enfrentamiento y él fue detenido y sentenciado.

Salió de prisión cuatro años más tarde. Sin pérdida de tiempo recorrió la distancia que separa a Mazatlán de Tijuana, Baja California. Reingresó a la organización de la que nunca se fue. Se le reasignó como guardaespaldas de uno de los hombres que la PGR y la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) identifican como uno de los capos del cártel de Tijuana, Gustavo Rivera, El Gus o el P-1.

Pero antes de dos años, este ex policía de caminos volvió a ser detenido. Estaba en Ensenada, Baja California, junto con su jefe y un canadiense, Pável, en el momento de ser capturado. Días después, este hombre se volvió uno de los principales testigos protegidos de la PGR, y para sus cómplices, en un delator, para quienes están en prisión por su testimonio, en un mentiroso.

En el caso de Guadalupe el cambio fue igual de drástico. De ser uno de los más sanguinarios y jóvenes sicarios del cártel de Tijuana hasta hace apenas unos meses, en la actualidad es colaborador de la PGR. Uno de sus ahora compañeros, el testigo protegido Angélica, igualmente otro sicario de la misma organización, señaló que incluso el capo de la organización, Fernando Arellano Félix, El Ingeniero, lo quería como su guardaespaldas por “inquieto y poder servir para muchas acciones”.

De su jefe sabía —según Angélica— que escribía los mensajes en los cuerpos que aparecían ejecutados, que su pasatiempo favorito era matar y torturar gente, que le gustaba cortarles un dedo a sus víctimas o la lengua, requisito indispensable que él mismo pedía a los plebes nuevos sicarios que pretendían alistarse a la célula de matones.

Hasta antes de la captura de quien hoy es identificado como Guadalupe, éste fue uno de los hombres de mayor confianza de Teodoro García Semental, El Teo o El Tres Letras, el capo que disputa a los Arellano Félix la supremacía dentro del cártel de Tijuana. En palabras de su ex jefe era definido como “uno de sus mejores sicarios, muy diestro para las armas, capaz de llevar a cabo las acciones más riesgosas, en pocas palabras a quien no le temblaba la mano para matar”.

Guadalupe siempre trató de ganarse el respeto de sus jefes para lograr poder e influencia dentro y fuera del cártel de Tijuana. Por eso diversificaba sus actividades de sicario, por ejemplo encabezó el asalto a un camión de valores en 2008 que terminó en una balacera con la policía en la que murió uno de sus hombres, enojado por ese fracaso esa misma noche organizó el asesinato del jefe y subjefe de la Policía Municipal en la delegación de La Mesa.

Pero cómo el enojo le duró dos días, Guadalupe continuó su venganza. “Armó a su gente para que lo acompañaran a matar a un activo de la Policía Estatal Preventiva”.

 

 


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Comentarios 1-20
karinamol
2009-02-17|12:07
mexico
¿Pero qué Grado de confiabilidad pueden tener estas personas? La PGR realmente les cree.
Comentarios 1-20
 
 

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