ruth.rodriguez@eluniversal.com.mxEn México se vuelven cada vez más comunes las historias de pacientes que sufren una enfermedad terminal y ya no quieren que se les hagan maniobras extraordinarias para mantenerlos con vida, sino irse tranquilos a su casa a “bien morir”.
Son los casos de 40 mil personas al año, a las que se les diagnostica una enfermedad en fase terminal, con un pronóstico de vida de menos de seis meses, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud.
En los dos últimos años entraron en vigor dos reformas, una a nivel local —en el DF— y otra a nivel federal. Esta última permite, desde el 6 de enero, a los enfermos terminales elegir entre tratamientos que prolonguen su vida, aunque estén desahuciados, o recibir en el hospital o en su casa un tratamiento paliativo que sólo mitigue el dolor en lo que fallecen, sin que esto implique la eutanasia.
Médicos coinciden en que desde la entrada en vigor de dicha reforma, cada vez son más los enfermos terminales que optan por dejar las clínicas para morir en casa en compañía de sus familiares.