fidel.samaniego@eluniversal.com.mxS e abrazaron, se aplaudieron, se felicitaron con sus mejores sonrisas. Concluyeron el periodo de sesiones, y pronto se marcharon, salieron a la noche de luna llena.
Sin embargo, en la última jornada de la Cámara de Diputados estuvo presente en todo momento la amenaza de otro escándalo, o la toma de la tribuna, o que por falta quórum se reventara la sesión.
En su estilo, con su coloquial forma de hablar, Javier González Garza, del PRD, advirtió, a Emilio Gamboa y Héctor Larios, del PRI y del PAN, que si incumplían el acuerdo y no se aprobaba la reforma que estable el plebiscito y el referéndum, armarían “un desmadre”.
Efectivamente, los panistas, con las indicaciones que les llegaron desde Bucareli, habían decidido que siempre no apoyarían el proyecto mencionado.
Desde temprano, la Mesa Directiva y la Junta de Coordinación Política establecieron la estrategia para evitar un problema mayor. Así, colocaron casi al principio del orden del día la integración de la Comisión Permanente. De ese modo, ante la eventualidad de que se suspendiera la sesión, dicho órgano del Congreso de la Unión quedaba de cualquier modo conformado.
Los trabajos de la última reunión del pleno en San Lázaro continuaron. Se aprobaron varias iniciativas que aún quedaban pendientes, entre ellas la reforma al artículo 16 constitucional para garantizar la protección de los datos personales.
Otro proyecto que fue convalidado, se refiere a la modificación de la ley para regular las sociedades de información crediticia para facilitar que deudores cumplidos salgan del Buró de Crédito.
Mientras tanto, varios legisladores perredistas de los cercanos a Andrés Manuel López Obrador se preparaban para lo que pudiera ocurrir, para tomar la tribuna o abandonar el salón. En esos mismos momentos, Ruth Zavaleta iba de un lado a otro, hablaba con sus compañeros de corriente partidista, con el coordinador de su fracción.
Cerca de las cinco de la tarde se ponía a consideración de los legisladores el proyecto de reformas constitucionales que estable la obligatoriedad de la educación media superior.
Mónica Fernández Balboa, del PRD, una de las legisladoras que más lucharon por que se aprobaran el referéndum y el plebiscito, subió al presidium, habló con Horacio Duarte, le preguntó que ocurriría con dicha propuesta. El presidente de la Cámara de Diputados le pidió que hablara con Javier González Garza. Ella lo hizo.
Más tarde, expresaría que fue evidente que negociaron los integrantes del llamado grupo de Los Chuchos, el coordinador de su fracción y los de los otros grupos parlamentarios, y cambiaron la aprobación del proyecto de participación ciudadana por el relacionado con la educación.
La última jornada. En uno de los auditorios del palacio legislativo. Layda Sansores, de Convergencia, encabezó y animó un festejo para los humildes trabajadores de limpieza. Organizó concursos. Repartió regalos. Esperó inútilmente los que le habían prometido enviar César Duarte y Javier González Garza.
Un minuto después de las seis de la tarde, se clausuró el periodo sesiones. Se marcharon los diputados, salieron a la noche de luna llena.