“Resultados de exámenes de lectura y matemáticas tienen mejoras considerables”, dijo el influyente diario The New York Times el 24 de junio 2008.
“Continuan a la baja los índices de nuevos cánceres”, señaló el mismo diario apenas el 26 de noviembre pasado. En la ciudad de Nueva York, administrada por Michael Bloomberg, estos encabezados positivos y optimistas son posibles. Bloomberg ha logrado en casi todos los rubros (educación, finanzas, seguridad, ecología) mejorar la ciudad. “Anuncian despidos y alzas de impuestos”, dijo el periódico el 5 de noviembre. Bueno, hay insalvables.
Michael Rubens Mike Bloomberg, nacido en Boston en 1942, es alcalde desde el 1 de enero de 2002. Abandonó el partido republicano y ahora se declara independiente. Tiene una fama bien ganada de administrador implacable. Cuando llegó al City Hall (como se conocen las oficinas de gobierno) lo primero que hizo fue convertir el espacio que estaba configurado como una oficina tradicional, en un plano abierto donde están todos los escritorios uno a lado del otro, sin ninguna pared de por medio, como lo había hecho en su empresa de medios Bloomberg Inc. El éxito como empresario —su fortuna está valuada en más de 20 mil millones de dólares— le da seguridad en que hacer las cosas a su manera era la mejor forma de hacerlas.
Para emprender la reforma educativa que aún está en camino, Bloomberg despidió y cambió la configuración del Consejo de Educación, encargado de administrar las escuelas. En Marzo del 2004 explicó su decisión: “Esto es lo que significa control municipal. En los días de antaño el consejo no le rendía cuentas a nadie, y la Legislatura decidió que esto no funcionaba, así que me otorgaron control municipal. Y control municipal quiere decir control municipal, gracias. Ellos son mis representantes, y van a votar por las cosas en las que yo creo”.
Con la misma seguridad, en 2003 prohibió fumar en todos los lugares de trabajo. Convirtió a Nueva York en una ciudad sin humo, y cinco años después, los miedos de los bares y restaurantes, que clamaban que perderían su negocio si la gente no podía fumar, han resultado infundados.
El control de armas es otra de sus prioridades, y la ciudad ofrece 500 dólares en efectivo para cualquier información de alguien que porte un arma de fuego sin autorización. Hace una semana la estrella del NFL, el receptor de los Gigantes de Nueva York, Plaxico Burress, se disparó accidentalmente en la pierna. Ahora con 31 años y un contrato de 35 millones de dólares, enfrenta hasta 15 años de cárcel. Tres años y medio es la pena por portar armas sin permiso, y Bloomberg dijo que le iban a aplicar todo el peso de la ley, no sólo a él, sino también al hospital que no reportó el incidente a las autoridades.
Las políticas de cero tolerancia, implementadas por Giuliani, han seguido con Bloomberg quizás con una aplicación más estricta. Bandas de policías imponen multas minutos después de que vence el permiso de aparcamiento. El costo por dejar los deshechos de las mascotas en la calle es de 250 dólares. En Nueva York es más fácil encontrar a un policía dando multas que un taxi. En 2009, Michael Bloomberg pedirá a los neoyorquinos que lo reelijan por tercera vez. Hace un mes ganó una votación reñida, concediéndole permiso de hacerlo. Y aunque nadie pone en duda sus habilidades administrativas, muchos se preguntan si, al paso que va, algún día Nueva York podrá vivir sin él.