Cuando el presidente electo Barack Obama anunció su intención de retener a Robert Gates como secretario de Defensa de los Estados Unidos pareció un gesto político hacia los republicanos, pero también hubo un suspiro de alivio entre los militares.
A sus 65 años de edad, Gates es un secretario de Defensa que, según sus subordinados, se preocupa por los hombres que están en el terreno, los soldados, y que en vez de concretarse al duro filo tecnológico busca asegurarse de ir más allá: “la capacidad militar estadounidense para derribar una puerta debe ser igualada por nuestra habilidad para limpiar y hasta reconstruir después la casa”.
Gates permanecerá en el puesto “por lo menos un año” y es visto como la mejor garantía de que Obama piensa realizar un retiro organizado y gradual de las tropas estadounidenses de Irak y Afganistán sin dejar atrás un desastre a la Vietnam.
Después de todo, es el hombre que en su audiencia senatorial de confirmación, el 5 de diciembre de 2006, dijo no creer que su país estuviera “ganando” la guerra en Irak, aunque luego aclaró que tampoco creía que la fuera “perdiendo”.
Nadie que conozca a Gates lo considera una “paloma”. Al contrario. A lo largo de una carrera iniciada cuando Richard Nixon aún era presidente, Gates trabajó casi 26 años en la Agencia Central de Inteligencia (CIA), a la que dirigió dos veces, una de facto —los dos años que William Casey pasó enfermo en 1986 y 1987— y no lo sucedió porque hubo preguntas respecto a su papel en el escándalo Irán- “Contras” que sacudió al gobierno de Ronald Reagan.
Cuando llegó a la dirección de la CIA, en 1991 y 1992, inició su transición hacia la post “Guerra Fría”.
Entre 1992 y 2006, Gates pasó años como conferencista en diversas universidades y de 1999 a 2001 como director primero de la Escuela de Gobierno George H.W. Bush y luego Rector de la Universidad de Texas A&M, una de las mayores de los Estados Unidos de 2002 a 2006.
Si bien sus principales posiciones han sido bajo presidentes republicanos, Gates es un “independiente” registrado y tan respetado en su ámbito que en sólo dos años de trabajo ha sido definido entre los mejores secretarios de Defensa en las últimas décadas.
De acuerdo con Zbigniew Brzezinski, que fuera el Consejero Nacional de Seguridad de James Carter (1976-80), el retorno de Robert Gates al servicio público “enmedio de una dolorosa guerra y a sólo dos años del final del gobierno”, fue difícil pero también señal de su disposición a servir al país: “Gates es sobre todo patriota, pero un patriota inteligente y eso es
reconfortante”.
Su trabajo en inteligencia hizo de Gates un convencido de lo que los estrategas llaman “poder suave”, el de crear instituciones y ofrecer alternativas políticas y económicas, generar simpatías y no temores al tiempo de ofrecer una imagen favorable del país.
La tesis Gates fue definida por el académico Stephen Biddle como “menos equipo y más trabajo personal con énfasis en paciencia y mucha, mucha cercanía con los civiles”.