fidel.samaniego@eluniversal.com.mxApenas iniciaba el debate sobre las reformas en materia de seguridad pública, y desde la tribuna salió un dato lapidario: En los peores 10 años de la lucha en Italia contra la mafía, la Cosa Nostra, murieron, en ajustes de cuentas, mil personas. En el último año de este gobierno en México han muerto más de 5 mil personas.
Hablaba Aída Marina Arvizu, del Partido Socialdemócrata. Pero pocos le hacían caso en el salón de sesiones. Unos legisladores charlaban, otros leían. Ella continuaba con lo que parecía un clamor en el desierto:
“Este horror ha llevado a la sociedad a la impotencia y al miedo, a un repliegue en el desánimo y la desconfianza. Y de ese intenso sentimiento social surge una proliferación de medidas dictadas por el miedo y la demagogia”.
Ahí estaba ya el dictamen, aprobado en comisiones por unanimidad. Sin embargo, se manifestaban reclamos, como el de Manuel Cárdenas, de Nueva Alianza. quien aseguraba que una vez más las reformas fueron negociadas más allá de los muros de San Lázaro, y sin tomar en cuenta a las otras organizaciones políticas.
Casualmente, en esos momentos, Emilio Gamboa dialogaba en el recinto con Javier González Garza, luego lo hizo con Héctor Larios. Los coordinadores del PRI, PRD y PAN acordaron así, de última hora, ciertas modificaciones al documento, unas relacionadas con los recursos que reciben los estados para programas de lucha contra la delincuencia, y la forma de evaluar los mismo, y otra, para que representantes del Poder Legislativo no integren el Consejo Nacional de Seguridad Pública.
El debate continuó. En tribuna, Layda Sansores, de Convergencia, quien en su estilo, cuestionó la defensa y la que llamó incomprensible protección del Presidente al secretario de Seguridad Pública. Más adelante habló de “cárteles políticos” que reprimen a quienes denuncian a servidores públicos, pero en cambio dan todo el crédito a delincuentes en calidad de testigos protegidos.
Tibia sería la respuesta de los representantes del PAN a las acusaciones de Layda Sansores. Hablaron más de las bondades del proyecto, y de las características del dictamen.
Una sesión en la que también se hizo evidente la nueva actitud de los perredistas. Así, en la línea orteguista, Andés Lozano estableció que su partido tiene propuestas, disposición al diálogo. Su compañero Francisco Santos felicitó a priístas y panistas porque, dijo, en las negociaciones aceptaron quitar obstáculos que hubieran impedido el acuerdo.
Un debate que por momentos no lo fue tanto. El incómodo Manuel Cárdenas fue varias veces a tribuna. Propuso una serie de modificaciones. Nadie le respondió nada.
Pero ya hay reforma. La votación fue abrumadora. También los es ese dato sobre los muertos en Italia y en México. pero poco le hicieron caso.