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Muro Ortiz salvó la vida por un rezago
icen que no hay mal que por bien no venga. Y esa sentencia parece ser
el molde de lo que ocurrió a un servidor público de la Segob que es
Jorge Alberto Muro Ortiz, caracterizado por el profesionalismo en su
trabajo.
Luego de varios años de servicios en la dependencia de
Bucareli, le llegó la hora de caer en un descuido. Se le fue el convoy
del secretario Juan Camilo Mouriño, hacia el aeropuerto de San Luis
Potosí.
Los nervios de Jorge Alberto Muro Ortiz se crisparon;
produjo la adrenalina de todo el año. El coordinador de Giras de
Mouriño no estaba en el convoy que cruzaba a toda velocidad tierras
potosinas.
Había concluido una reunión del Programa Paisano, y
mientras el secretario y el gobernador Marcelo de los Santos, se
preparaban para continuar los siguientes y últimos pasos del programa
de la visita de Mouriño, Muro Ortiz se relajó y entabló una charla con
la gente del Instituto Nacional de Migración (INM), responsables de ese
último evento de la gira.
Cecilia Romero Castillo, comisionada
del instituto, que había despedido allí mismo a su jefe Mouriño,
animadamente conversó con el organizador de la gira, sin darse cuenta
de que el servidor público tenía que ir en el convoy que ya estaba
lejos.
El sobresalto puso en acción a los colaboradores de
Cecilia Romero. La consigna era llevar pronto a Jorge Alberto hasta el
avión, con la esperanza de que en la plataforma, la comitiva de
despedida retrasara el despegue del Lear Jet del número uno de la Segob.
Correr
al aeropuerto fue angustioso. Inútil. El coordinador de Giras perdió el
avión, y más tarde supo que con eso conservó la vida.
Romero ya tenía boleto de avión
La invitación a subir al avión quedó en el aire: —¿Cómo te vas a
regresar?—, preguntó el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño.
—Tenemos boletos de línea comercial—, respondió Cecilia Romero Castillo, dominada por el entusiasmo de un día redondo.
La
posesión de boletos San Luis Potosí-Ciudad de México no obligó a
Mouriño a exhortar a la comisionada del Instituto Nacional de Migración
(INM) a subirse al jet ejecutivo, uno de los más seguros en su tipo.
Había
muchos temas pendientes del INM para conocimiento del titular de la
Segob. Pero el momento quedó inundado por el entusiasmo por el Programa
Paisano para los mexicanos que vienen en esta temporada de Estados
Unidos a sus localidades.
La rendija del avión se cerró para Cecilia Romero entre las risas y los comentarios de Mouriño Terrazo.
Se
produjo el beso de despedida. Romero fue a la terminal comercial del
aeropuerto de San Luis Potosí, con sus colaboradores. Llegó casi a las
19 horas, a tiempo de tomar su vuelo.
Allí le dieron un recado de
parte de su chofer. “Dijo que se va a retrasar en llegar por usted al
aeropuerto (de la ciudad de México), porque se cayó un avión en el
Paseo de la Reforma y Periférico y el tránsito es caótico”.
Cinco
minutos antes del despegue, todavía con el teléfono celular abierto,
Romero supo que el avión caído había salido de San Luis Potosí y tuvo
la certeza de la tragedia, que se trataba del Lear Jet XC-VMC de
Mouriño.
—Lloré, rece, durante la hora de vuelo a México; todos
veníamos conmocionados—, recuerda la comisionada, pero más que nada una
voz:
“¿Cómo te vas a regresar?”
García Luna, por relevo de Garay, no fue
La oficina de Genaro García Luna, secretario de Seguridad
Pública federal, avisa a Gobernación que el atareado servidor público
anticrimen no podrá acompañar al secretario Juan Camilo Mouriño en su
gira a San Luis Potosí.
Tiene una razón de grueso calibre: dar
posesión a un comisionado interino de la Policía Federal Preventiva
(PFP), el brazo contra el mal que no se puede quedar sin conductor.
El
viernes 31 de octubre, ha renunciado el comisionado de la PFP, Víctor
Gerardo Garay Cadena, para que se investigue a dónde llegan los
tentáculos de la corrupción en la policía.
Y el Learjet 45 de
Mouriño sale hacia San Luis Potosí, sin García Luna. Allá ambos
secretarios y el ex fiscal anticrimen José Luis Santiago Vasconcelos
participarían en una reunión sobre seguridad pública estatal.
Lo
más importante para los secretarios, sin embargo, ocurriría en el aire,
cuentan personas allegadas a García Luna. Con Mouriño (y la asistencia
de Santiago Vasconcelos) se revisarían en las alturas detalles de las
reformas en seguridad pública que discute el Congreso.
Urge al
Ejecutivo un nuevo arsenal de leyes para librar de mejor manera la
guerra contra la delincuencia organizada. Aquella iba a ser una cumbre
en todo lo alto. La urgencia se atraviesa.
El día anterior, el
lunes 3, se da a conocer el nombramiento de Rodrigo Esparza Cristerna,
y hay que darle posesión del cargo de comisionado de la PFP con toda la
expresión de respaldo político, y eso implica que García Luna se quede
en la ciudad de México.
Con efecto de carambola de tres bandas,
las investigaciones sobre la vinculación de policías con el narco,
impacta en la agenda de García Luna y le salva la vida.
Valladolid ‘la libró’ por no pedir ‘raid’
La vida de un diputado marcha a todo tren: amanece, revisa la
agenda, corre a San Lázaro, se mete en un montón de asuntos, sesión
incluida, que deja a medias para ir corriendo al aeropuerto a subirse a
un avión que lo lleve a San Luis Potosí, en una salida de ida y vuelta,
pero sin boleto de regreso.
Para esos inconvenientes un diputado
tiene iniciativa, y no quedarse parado en las dificultades. Así que
¿cómo no pedirle a Juan Camilo: “oye, Iván, ¿me das un aventón?”. Tan
sencillo. Cuando avión y fuero se juntan, se llega lejos.
Sólo
que los planes a veces abortan. Algo pasa que el diputado Antonio
Valladolid (PAN) no le pone ganas a su propósito de viajar “de volada”
a México, en jet ejecutivo, o bien, la gente que rodea al secretario de
Gobernación, Juan Camilo Mouriño, no le deja espacio al plan del
legislador.
Antonio Valladolid es presidente de la Comisión de
Población, Fronteras y Asuntos Migratorios de la Cámara de Diputados. O
sea, que no ha podido faltar a la ceremonia de puesta en marcha del
Programa Paisano de Invierno 2009, cuyos dispositivos entusiasmaron a
Mouriño. Entonces “el momento oportuno” para pedir el viaje de gratis,
no llega.
Valladolid se queda sin abrir la boca. Y entonces se va
al aeropuerto, paga su espacio en el avión comercial a México, en el
que encuentra a Cecilia Romero, comisionada de Migración, así como a la
escolta de Estado Mayor Presidencial (EMP) asignada al secretario de
Gobernación.
Valladolid escucha a uno de los militares decir que
ha cerrado la escotilla del Learjet 45, como broche de oro de su
servicio del día.
Cuando desembarcan en la Ciudad de México, se enteran de la tragedia.
Doble es la conmoción de Valladolid.