alejandro.jimenez@eluniversal.com.mxLa reacción fue inmediata. Desde las siete y media de la noche del martes pasado, miembros selectos del gobierno federal mantuvieron abierta una línea de comunicación con la ciudadanía, reportando lo que desde cada uno de sus respectivos ámbitos tuvo qué ver con el accidente en el que perdiera la vida el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, y al menos 13 personas más.
A diferencia de otras ocasiones, ahora se percibió un esfuerzo por evitar especulaciones y ominosos vacíos informativos. No es para menos, lo que está en juego es la gobernabilidad de México.
La consigna que se evidenció fue transparentar las investigaciones y eliminar, hasta donde fuera posible, las suspicacias que sugieran un exitoso ataque del crimen organizado a las instituciones del país, capaz de tirar los mercados financieros y sumir a la sociedad en el desconcierto.
Desde los primeros minutos posteriores a la tragedia el secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez, recababa datos y atendía a los medios.
Apenas confirmada la nefasta noticia, el presidente Felipe Calderón envió un mensaje en cadena nacional con condolencias a los deudos, con su voluntad de llevar la investigación hasta sus últimas consecuencias, así como con un llamado a refrendar “los ideales de Mouriño”, entre ellos, la lucha contra el crimen organizado.
Esa noche y la mañana siguiente se multiplicaron las declaraciones de funcionarios de todo nivel en noticiarios de radio y televisión, explicando sus avances y pidiendo mesura a los comunicadores, ávidos de confirmaciones.
Fue así que el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, envió un mensaje de calma a los mercados, que tuvo efectos parciales.
Más tarde, el titular de la SCT presentó un video del radar a la hora en que se perdió contacto con la aeronave y el audio de las conversaciones del piloto con los controladores de tráfico aéreo, para descartar las versiones sesgadas que hablaban de supuestas llamadas de emergencia, reportes de averías y atentados explosivos en el aire.
La autoridad capitalina no se quedó atrás. Marcelo Ebrard, siempre estuvo dispuesto a hacer cortes informativos para la televisión, las horas posteriores al incidente. De esa manera, el control de daños informativo estuvo garantizado desde un principio.