Desde la llegada del gobierno del presidente Calderón, la lucha contra el narcotráfico adquirió una dimensión no vista antes. El nuevo gobierno desplegó una estrategia de operativos policiaco-militares para recuperar el control de partes del territorio nacional en manos del crimen organizado, propuso reformas legales y decidió reestructurar la Policía Federal Preventiva para volverla más eficaz en la lucha contra cárteles, que eventualmente hiciera posible el regreso del Ejército a sus labores originales.
La colaboración con Estados Unidos era fundamental para fortalecer las instituciones de seguridad y el combate a la corrupción. En esa lógica, Calderón negoció con Washington un paquete de ayuda sin precedentes que al final implicaría la donación en equipo por el equivalente a 400 millones de dólares en 2008. Dicha ayuda fue enmarcada en la Iniciativa Mérida, la cual implicó un cambio fundamental en la relación bilateral.
Por primera vez en la historia reciente parecía que la tradicional desconfianza de EU hacia México era superada gracias a la decisión del gobierno mexicano de enfrentar al narco hasta sus últimas consecuencias. La Iniciativa Mérida marcaba una clara diferencia con la ayuda contra drogas que México había recibido en los últimos años, la cual no sobrepasaba 40 millones de dólares anuales.
El costo eran los altos niveles de violencia, de los cuales se quejaban la sociedad mexicana y el gobierno de EU.
Sin embargo, a principios de esta semana una noticia cimbró a la opinión pública y cayó como balde de agua fría en la cooperación México-EU. Tras dos meses de investigación se descubrió que funcionarios de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada llevaban años en la organización de los Beltrán Leyva, lo cual explica en mucho por qué el cártel de Sinaloa ha resistido mejor que otros los embates del gobierno.
La infiltración del narco llegó a la embajada de Estados Unidos en México lo cual ha preocupado a las autoridades de ese país.
A este escándalo habría que agregar versiones sobre la corrupción de un general brigadier del Ejército que habría filtrado información al cártel de Sinaloa para malograr operativos contra la banda.
La pregunta frente a esta crisis es cómo va a afectar a la colaboración bilateral y a la Iniciativa Mérida.
Esta infiltración hace resurgir al fantasma de la desconfianza entre ambos países y le da parque a los grupos que critican a México en el vecino del norte. Si bien es cierto que la ayuda de la Iniciativa Mérida ya está aprobada, su entrega puede enfrentar obstáculos aunque, paradójicamente, los escándalos de corrupción la hacen más necesaria; una parte de ella se enfoca en mejorar el control de la corrupción. De nada sirve todo el equipo del mundo si no se controla la corrupción. Por eso, hoy más que nunca, es necesario invertir en la construcción de mecanismos institucionales y en la tecnología que permita combatir la corrupción. Ese es el verdadero poder del narco.
Analista políticoe investigador del CIDE.