Ve directamente a su interlocutor. No tartamudea. No duda al detallar la forma en que lanzó la granada contra los asistentes a la celebración del Grito en Morelia.
En su testimonio ante el fiscal, Juan Carlos Castro Galeana relata: “(la granada) la apreté y la oculté con mis manos y me dio escalofrío. Saqué el seguro, botó el candado y la aventé”. Acepta que causó “muchas muertes y una tragedia de magnitud irreparable”.
Se le pregunta si vio los daños causados por la explosión, a lo que respondió que no se acercó porque estaba hecho “una bola de nervios”.
Otro de los detenidos el jueves en Apatzingán, Julio César Mondragón, cuenta que llegó al zócalo de Morelia a las 10:00 de la noche y lanzó la granada aproximadamente una hora más tarde. Mientras, se comió “un totopo y una hamburguesa”.
Dijo también que recibió instrucciones de tirar la granada en donde no hubiera gente, pero que el sitio estaba lleno. Luego se dirigió a las cercanías de la Catedral y le lanzó el proyectil a una camioneta que, creyó, era una patrulla.