XOTEAPAN, Ver.— A los homicidas de las 24 personas halladas en La Marquesa, estado de México, poco les importó que el menor Abraham Sinta Temis abandonara la escuela y tuviera un mes de trabajar para ayudar a su familia, narran desconsolados sus abuelos, tíos y padres.
Corrió la misma suerte que los 10 lugareños asesinados con el tiro de gracia y cuyos cuerpos estaban maniatados junto con 13 personas más, el 12 de septiembre.
Los familiares que identificaron y reclamaron los cuerpos en Toluca —el lunes 15 de septiembre— recuerdan que Abraham sólo tenían un disparo en la frente.
Todos sus familiares coinciden en que a Abraham siempre le gustó trabajar: cuando estudiaba la primaria, en su tiempo libre, se empleaba en una frutería del mercado de San Andrés Tuxtla.
Abraham cruzaba diario el río Xoteapan para ir a la escuela y el trabajo. Al terminar la primaria, pese la insistencia de su padre, Javier Sinta Polito, para continuar sus estudios, el menor decidió sólo trabajar.
Se fue al estado de México, donde estaban tres de sus tíos paternos, para emplearse en la construcción, pero por ser menor no lo aceptaron y se fue de jardinero.
Todos lo recuerdan como un joven sano. Su principal distracción: un videojuego; era lo que más le gustaba y fue colocado dentro de su ataúd. “Así se acostumbra aquí, poner junto al difunto la cosa que más le gustaba. Así, para que donde este Abraham siga jugando”, dice uno de sus tíos.
Su padre muestra la foto donde su hijo se había graduado de la primaria, la que mandaron a un estudio de San Andrés, para amplificar y enmarcar.
Al recordar su muerte, expresa su mortificación: “Me lo echaron a perder”, dice. Apenas empezaba a trabajar y le envió dinero tres veces, montos de 600 pesos. Él resto de su sueldo era para comer y la renta.