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México

“Jamás vamos a regresar a Michoacán”
Una familia completa estuvo en riesgo de perderse la noche del ‘grito’: la madre y cuatro hijos sufren ahora los estragos de la primera granada

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Azucena SilvaCorresponsal
El Universal
Miércoles 24 de septiembre de 2008

MORELIA, Mich.— “¡Jamás regresaremos a Michoacán! Teníamos mucha ilusión en pasar el puente en Morelia, divertirnos en familia. Ahora sólo estamos a la espera que den de alta a mi esposa y a dos de mis hijos y nos iremos a nuestro Querétaro, para nunca volver por estas tierras”, asegura Humberto Benítez Aguilar.

Recuerda que el 15 de septiembre, su esposa, Araceli Olalde Rangel, y sus cuatro hijos Karla, Max, Bárbara y Natalia, decidieron viajar a Morelia: “La ciudad nos gustaba”. Sus planes eran escuchar el grito de Independecia y al día siguiente conocer el zoológico local.

“La noche del 15, en cuestión de segundos nuestro alegría se convirtió en llanto”, señala Araceli, quien permanece internada en el Hospital de la Mujer. Recuerda que en el último ¡Viva México! volteó a ver a su cuñado Mauricio, que traía a su hija Natalia, de siete años, en los hombros y apreció que a él le cayó algo en la cabeza, el objeto rebotó, pero lo vio desvanecerse del dolor.

Cuando lo quiso ayudar se cayó de lado y vio mucho polvo negro. Cuando se incorporó, ya no tenía zapatos ni pantalón y sus piernas estaban ensangrentadas.

Buscó a su familia; su hija Karla, de 14 años, le pidió que se metiera a una fuente para limpiarse las piernas. Momentos más tarde, Max, de 12 años, hizo lo mismo y ambos coincidieron en que sentían piedras.

Su otra pequeñita Natalia le dijo llorando que ya se quería ir, pero cuando se percató de que las cosas eran más graves de lo que pensaba, porque a su paso vio cuerpos mutilados, se recostó, subió los pies a un barandal y desesperada comenzó a pedir ayuda. Quien la consoló fue Max.

Al buscar a su esposo Humberto, alguien le comentó que corrió llevando en brazos a Bárbara, de nueve años, pues la pequeña se desangraba.

Desde su ingreso al nosocomio no ha podido ver a sus pequeños hijos y solo vía telefónica se ha comunicado con ellos. Karla y Natalia ya regresaron a Querétaro, pero Bárbara y Max permanecen en el hospital civil.

Los médicos le dicen a la pareja que en todos los casos, los tres hospitalizados han presentado buena evolución en la cicatrización, aunque a ella en particular se valora la posibilidad de injertarle piel en su pie derecho.

Su esposo Humberto, considera que el gobierno michoacano debería ser justo y hacer a sus hijos acreedores de las pensiones vitalicias y las becas, pues simplemente fueron víctimas de algo que no tienen la culpa.

 
 

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