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Desde el 16 de septiembre, los tres niveles de gobierno han cerrado la llave de la información oficial sobre las investigaciones que se llevan a cabo en torno a los atentados de la noche del grito en Morelia, lo que ha generado un vacío que confunde a la opinión pública, pero que también ha sido aprovechado por quienes se dicen integrantes de los cárteles para hacer escuchar su voz en forma inédita.
Narcomantas y correos electrónicos firmados por La Familia o el cártel de Sinaloa no han dejado de correr desde entonces. Se deslindan y amenazan entre sí, socializando un tipo de comunicación que antes se limitaba a sus enemigos o a autoridades.
Ahora resulta que quienes se presentan como miembros de la delincuencia organizada llaman a la ciudadanía a confiar en ellos, dentro de sus muy cuestionables estándares éticos y códigos de honor.
Las hipótesis y líneas de investigación se suceden unas a otras, dando lugar a una sensación de desorden y confusión, siendo que en realidad no son versiones definitivas, sino etapas del trabajo de análisis que pretende, a partir de la reconstrucción de los hechos y del contexto criminal, determinar móviles y responsables.
Al principio todo apuntó, de manera natural, al cártel local, La Familia, dedicado, entre otras cosas, al tráfico de drogas, metanfetaminas, extorsión, piratería y al secuestro. Las hipótesis de trabajo comenzaron.
Como se sabe de fracturas en el grupo, se piensa que esto habría generado una disputa interna que acabó con las granadas en la plaza Melchor Ocampo, con las cuales una de las facciones buscó calentar la plaza a las demás, atrayendo a esa zona al Ejército y a la policía federal.
A esa línea de investigación siguió la de que personas en el gabinete del gobernador Leonel Godoy habrían pactado con la delincuencia organizada, y al, no cumplirles los acuerdos, vino la venganza con el atentado en el centro de Morelia.
Michoacán es, desde hace años, una entidad muy radiografiada por los cuerpos de inteligencia federal, precisamente por la fuerte simbiosis entre delincuentes y cuerpos de seguridad, municipal y estatal.
La más reciente versión, y también en vías de ser verificada, es que el atentado habría estado dirigido contra el secretario de Seguridad Pública estatal, Mario Bautista, quien se encontraba en la línea de trayectoria de uno de los explosivos.
Todo apunta a que las hipótesis seguirán fluyendo, proceso lógico pero que no puede ser infinito, bajo la lógica de que a más presunciones menos certezas.