Se sabe que no es una manifestación del Frente Popular Francisco Villa porque los pants son de marca Nike, y las camisetas lucen logos deportivos tipo Tommy. No es tampoco una movilización de los 400 Pueblos, porque de otro modo sería imposible escuchar, con las seguridades que sólo vienen desde la cuna, la siguiente frase:
—Dile al chofer que nos espere detrás del María Isabel y que tenga el radio prendido para que sepa dónde recogernos.
No se ve, por lo demás, a mujeres de delantal vociferando consignas (“¡La lucha sigue, sigue...!”), ni a vengadores sociales pintarrajeando comercios para que no se dude de la legitimidad de sus demandas. El río humano que desciende por Tíber, o baja en ropa casual desde Chapultepec Heights para sumarse a la multitud que a las 11 de la mañana avanza ya por Reforma, es definitivamente otra “sociedad civil”.
Una “sociedad civil” a la que rara vez se le encuentra ya por las calles:
—¿Cómo le va, arquitecto?
—Extrañado de encontrar tan fea avenida Juárez. Creo que hará unos 20 años no me daba una vuelta por aquí.
Ahí estaba el hotel del Prado, ¿no? Mientras la Sociedad Calvin Klein y la ciudad antigua se reconocen, el contraste con el movimiento urbano popular es tan evidente que un payaso de la Alameda, que divierte a un público desocupado (y poco interesado en la marcha, acaso porque no tiene nada que le roben), grita desde un altavoz, al registrar los varios tonos de la piel dorada, el aire de golfista que los marchantes adquieren bajo sus viseras blancas, las personalidades arrolladoras que parecen indicar que la vida es una oportunidad que Dios nos da para ingresar a clubes:
—¡Ah, chingá! Ya sabía que los ricos también lloran. Lo que no sabía es que en esta pinche ciudad los ricos también marchan.
Los paseantes de la Alameda celebran la frase a carcajadas. Pero la vuelta de las clases altas al viejo centro viene acompañada también por la vuelta de las clases medias al viejo centro: al margen de la sociología de banqueta, este domingo, en la capital del país, la delincuencia hizo que las muchas ciudades por primera vez se unieran: la de los centros comerciales en Santa Fe y la de los mercados sobre ruedas; las conectadas por los distribuidores viales y las de los microbuses con puesto de tacos bajo el puente; la de los autos blindados, la del hombre que salió del Metro Sevilla con las manos llenas de hijos, y la del rubio que se puso bermudas y aprovechó la manifestación para sacar a pasear a su pastor alemán (“¡Bien por el perro!”, le gritaron).
En lo que no se diferenció esta movilización de las otras, fue en que aquí también cada quién aportó su ira :
—Qué milagro...
—Aquí, doctor, protestando por cuatro asaltos, uno de ellos en la puerta de mi casa, y con pistola.
A todo lo largo de Reforma las mantas expresaron la indignación: “He tenido cinco asaltos. En mi casa, mi oficina, dos veces en la calle y en mi camioneta”.
“México perdió un gran médico y yo perdí a mi hijo. Pena de muerte a secuestradores”.
“Calle Dr. Norma 49 bis, colonia Doctores. Es un nido de asaltantes de día y de noche”.
“Impunidad y tráfico de influencias protejen al policía judicial del DF Esteban Romero Ramírez, alias El Pantera. Tiene más de 10 averiguaciones previas”.
“No es compló , es la voz de México ”.