jose.carreno@uia.mxLa catarata de declaraciones, mensajes, posturas e iniciativas de los actores políticos en estas horas corresponde más a una estrategia de control de la agenda de los medios que a una estrategia sustantiva para recuperar el control perdido en la seguridad pública.
Y esto vale lo mismo para la nueva iniciativa del presidente Calderón que busca endurecer las penas a los secuestradores que para las posturas del jefe de Gobierno del DF en respuesta al señalamiento presidencial que centró bajo la responsabilidad del gobernante local la muerte del niño Fernando Martí, a manos presuntamente de agentes judiciales. Y también vale para las reacciones de los legisladores a la iniciativa de Calderón.
Si los reflejos que muestran los actores políticos para colocar sus mensajes y posturas en los medios de comunicación los aplicaran para preparar al Estado a fin de que cumpla su tarea primordial de garantizar la seguridad, quizá la situación no hubiera llegado tan lejos ni estarían enfrentados ahora a una crisis de la que apenas se ven sus primeros rasgos.
Pero tampoco parece haber una estrategia de prevención y de manejo de esta crisis de confianza en expansión, sino sólo una serie de reacciones para distribuir las culpas.
Está surgiendo un nuevo clima de polarización en el país, esta vez por el carril de la inseguridad. Sólo que en este carril no se percibe una división de la sociedad, sino un abierto desencuentro entre el discurso de los actores políticos.
Si los actores políticos atendieran a las reacciones de lectores y audiencias en los sitios interactivos que han abierto medios como EL UNIVERSAL, probablemente no insistirían en llenar los espacios mediáticos con sus recursos, mensajes y posturas de rutina.
Para la sociedad es inaceptable el espectáculo de la competencia para establecer cuáles secuestros, extorsiones y homicidios hay que atribuir a la AFI y a la SIEDO y cuáles a los agentes de seguridad y a los judiciales del DF o de los estados.
Del análisis de los discursos políticos convertidos en noticias en las últimas horas, se podría inferir que parece haber más lógica y más sentido de gobierno en el discurso de los gobernados que en el de los gobernantes.
En la sociedad parece haber claridad en que lo urgente es depurar los cuerpos policiales y aplicarles a quienes resulten responsables el rigor de las leyes.