df@eluniversal.com.mxLos besó. Primero a uno y luego al otro, con quien finalmente entró al baño. Una cerveza cayó y el sonido de vidrios rotos interrumpió la expectación de quienes observaban, sin perder detalle, cómo la chica cedía ante los susurros de su acompañante.
En la penumbra de madrugada de sábado, en aquel patio de vecindad habilitado como antro por las noches y fonda por el día, el caso New’s Divine pareciera ya sólo una leyenda urbana.
A poco más de 20 días del episodio, adolescentes departen sonrientes y despreocupados en El Zaguán: Bolívar 77, Centro Histórico. La chela 15 pesos y no se pide acreditar la mayoría de edad.
Sin salida de emergencia, con una entrada que no llega ni al metro de ancho y un angostísimo pasillo, el lugar estásaturado.
Un joven dormido se encuentra en el segundo piso de la abarrotada cantina Río de la Plata, en Allende y República de Cuba. La multitud baila. Los sanitarios, al fondo, junto al extintor. En las esquinas, cámaras de seguridad. Por la angosta escalera de madera sigue subiendo gente, aunque ya no quepa.
Para entrar a los mayores les piden credencial, pero a los evidentemente menores les dan la bienvenida.
En Donceles 58, los balcones de la UTA rebosan de muchachos que gustan de la onda dark. Por las ventanas, la música se cuela a los callejones y da la apariencia de que en la memoria de la juventud chilanga, el New’s Divine es ya sólo un tema más de conversación.