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‘El Azul’ discreto, platicador y gentil

A José Esparragoza le gusta acudir a buenos restaurantes, pero sin el oropel y lo ostentoso que caracteriza a jefes de los cárteles; en EU le atribuyen fama de ser negociador
Domingo 15 de junio de 2008 TEXTOJUAN VELEDÍAZ | El Universal

sociedadyjusticia@eluniversal.com.mx

El encuentro fue casual y ocurrió en la puerta de un restaurante en la zona de Polanco. Se originó porque los escoltas de Juan José Esparragoza Moreno alertaron a su patrón sobre el arribo de personal de la Procuraduría General de la República (PGR) al lugar donde se disponía a comer aquel día de principios de 1995. El Azul, como lo apodaban por su tono de piel desde los años 70 sus correligionarios en Sinaloa, salió tan apresurado que no se percató que una persona esperaba a que le asignaran mesa y, de manera accidental, tropezó con él.

—Oiga, discúlpeme— le pidió Esparragoza a aquel hombre que vestía traje y aguardaba en el acceso. —No hay cuidado, no se preocupe— le contestó.

—Que tenga buen provecho— le dijo, y se retiró. Quien esperaba mesa en el restaurante, de acuerdo a quienes conocieron de primera mano aquella anécdota, era el recién designado titular de la PGR, Antonio Lozano Gracia, quien en aquel momento no conocía ni sabía quién era ese hombre robusto, moreno y de cabello quebrado, que de manera caballerosa excusó por el incidente.

Pocos minutos después, cuando el procurador aguardaba en su mesa a unas personas con las que se había citado para comer, sus escoltas del Estado Mayor Presidencial (EMP) se le acercaron para comunicarle la urgencia de retirarse del lugar. Lozano escuchó atento y no hizo mayores comentarios, siguió a los miembros de su equipo de seguridad y cuando abordó su vehículo uno de ellos le explicó que la razón por la que se tenían que marchar era porque habían detectado hombres armados distribuidos en varios vehículos ya que adentro estaba Esparragoza el segundo hombre en importancia, sólo por debajo de su compadre Amado Carrillo Fuentes, en la cúpula del llamado cártel de Juárez.

—¿Cómo era?— preguntó Lozano. Al escuchar la descripción, reconoció al hombre con el que tropezó y quien de modo amable se disculpó. Después, en la PGR se enteraron que la salida intempestiva del capo se debió a que sus escoltas creyeron que se desarrollaba un operativo encabezado por el procurador, de ahí que abandonara el restaurante. En la confusión, ni Esparragoza reconoció al procurador, ni Lozano supo de quién se trataba.

Alianzas de don Juan

Todas las versiones periodísticas que se conocen sobre don Juan, como lo identificó —en una entrevista antes de su extradición en septiembre pasado a Estados Unidos— Hernando Gómez Bustamante, principal capo del cártel colombiano del Norte del Valle, coinciden en que es un hombre conciliador, gentil, gran conversador y con un perfil de negociador nato que los estadounidenses lo han llamado peace maker, ya que se le atribuye el acercamiento para acordar un alto a la ola de violencia en 2006 entre la llamada Federación y el cártel del Golfo.

Un hombre considerado por sus contemporáneos como una leyenda de los sótanos de la policía política, la hoy extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS), el comandante Florentino Ventura, se jactó en vida de haber sido el policía que detuvo en 1986 a Esparragoza durante un operativo que lo llevó preso al Reclusorio Sur. Estuvo siete años encarcelado, compartió encierro con Amado Carrillo, y cuando en 1992 quedó en libertad comenzó la segunda parte de su carrera que inició en los días en que se suscitó la muerte, en circunstancias extrañas, de su captor. A la fecha, ninguno de sus captores vive.

Esparragoza se ha mantenido vigente por más de tres sexenios y es el único capo en libertad de aquel grupo fundacional que se aglutinó en Sinaloa alrededor del hoy fallecido Pedro Avilés, El León de la Sierra, junto con Miguel Ángel Félix Gallardo y Ernesto Don Neto Fonseca Carrillo, precursores de la organización que en los años 80 y 90 tuvo en Rafael Caro Quintero y Amado Carrillo Fuentes a sus líderes.

Nacido el 3 de febrero de 1949 en Huichiopa, pintoresco pueblo a las afueras de Badiraguato, contrajo nupcias con Gloria Monzón, cuñada de Joaquín El Chapo Guzmán. Discreto y reservado, don Juan prohibió en su momento que le escribieran corridos y que su círculo cercano se ostentara con el oropel que suele distinguir a jefes del narco y su séquito. Como él, de pequeñas comunidades de Badiraguato son también El Chapo, oriundo de La Tuna, y los hermanos Beltrán Leyva, originarios de La Palma. Con Amado lo unió el compadrazgo al apadrinar a Juan Manuel, uno de los vástagos del fallecido Señor de los Cielos; con Ismael El Mayo Zambada, es también compadre pues éste bautizó a uno de sus hijos.

A estos lazos las agencias antidrogas la calificaron como la “alianza de sangre”, fortalecida cuando Juan José Esparragoza, el hijo mayor, se casó con una hermana de los Beltrán Leyva de la que hay descendencia de apellidos Esparragoza Beltrán. Siguió cuando Patricia Guzmán Núñez, La Patrona, y sobrina del Chapo, fue pareja de Alfredo Beltrán.

Hoy día la “alianza” está rota por la confrontación de los Beltrán Leyva con El Chapo y El Mayo. A la pregunta hecha a diferentes fuentes del gobierno federal sobre ¿con quien está ‘don Juan’? Las respuestas que dan son: una, que lo ven muy cerca de Arturo Beltrán Leyva, tío de sus nietos y a quien ha cedido paulatinamente sus rutas y contactos.

Otra, sugiere que se “alineó” con su compadre El Mayo Zambada y su paisano El Chapo Guzmán para quitar de en medio al clan de los Carrillo Fuentes, con quienes trabajó por más de 20 años en sus casi seis décadas de vida. A estas alturas de la confrontación que tiene a Chihuahua y Sinaloa sumidas en una sangría continúa, han aparecido comentarios off de record de funcionarios federales quienes extrañan los dotes conciliadores que han distinguido por varios sexenios para resolver estos diferendos a don Juan, un hombre por quien se ofrecen 5 millones de dólares en Estados Unidos por su captura.



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