horacio.jimenez@eluniversal.com.mxUno de los primeros políticos importantes de México que se denominó como fanático de las carreras de autos y del box, era Adolfo López Mateos.
Corría el año de 1962. Lo más importante era ver el espectáculo y no perder detalle. Los guardaespaldas de López Mateos eran discretos, pero siempre cerca de él. Siempre de bajo perfil.
En varias ocasiones al ex presidente se le podía observar, pensativo, pero siempre analista de la disciplina que presenciaba.
Las primeras filas del Toreo de Cuatro Caminos, su lugar. El deporte, el box. Era un pleito de campeonato y los protagonistas eran El Zurdo de Oro, Vicente Saldívar y el cubano, Ultiminio Ramos.
Era el año de 1986, por los rumbos de la colonia Narvarte, algunos aficionados al rey de los deportes, — el béisbol, recuerdan —, que no faltaban al juego de la tarde-noche de los Diablos Rojos del México o de los Tigres capitalinos el propio Carlos Salinas de Gortari —quien sería presidente de México dos años después—, acompañado del hoy coordinador de los diputados del PRI, Emilio Gamboa, del ex regente capitalino Ramón Aguirre y el que fuera director de Pemex, Francisco Rojas.
Esos políticos, entre la cuarta y quinta entrada se levantaban de su butaca, y a disfrutar de los tradicionales y famosos tacos de “cochinita” del desaparecido Parque del Seguro Social.
También el candidato a la Presidencia, Luis Donaldo Colosio, asistía al Palacio de los Deportes para ver los partidos de exhibición de la NBA que llegaban a México.
Ahora, muchos gobernadores asisten cada fin de semana a apoyar al equipo de su entidad a su propio estadio, ejemplos hay muchos: Juan Sabines, gobernador de Chiapas, acude al estadio Víctor Manuel Reyna a apoyar a los Jaguares de Chiapas; Miguel Osorio Chong, tiene su espacio para echarle porras a sus “Tuzos”.