liliana.alcantara@eluniversal.com.mxJesús falleció el 31 de marzo del 2004 porque en la clínica 15 del IMSS de Monterrey, Nuevo León, no le detectaron a tiempo el VIH-sida y su tratamiento fue tardío. En agosto del 2006, Ernesto perdió la visión en un ojo y la audición parcial por secuelas del VIH y porque su medicamento le fue entregado seis meses después de su solicitud.
Estos son sólo dos casos documentados por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) por violaciones a las garantías fundamentales de enfermos de VIH-sida. A éstos se suman los reiterados llamados que ha hecho este organismo al IMSS por desabasto de medicamentos a nivel nacional.
Ricardo Hernández Forcada, de la CNDH, aseguró que en México persiste el desabasto de medicamentos y tratos discriminatorios en contra de los enfermos de VIH-sida, pese a las serias repercusiones que tiene para su salud la interrupción del tratamiento y la negativa o inadecuada atención médica.
El director del Programa de VIH-sida y derechos humanos de este organismo informó que desde el 2001 —cuando se creó este programa— a la fecha, el número de quejas aumentó en un 100%, lo cual, explicó, obedece, entre otros factores, a que existe una mayor conciencia por parte de los enfermos de cuáles son sus derechos y cómo defenderlos.
Señaló que la Conferencia Mundial del Sida, que se llevará a cabo en agosto próximo, será una oportunidad para que la sociedad mexicana ponga su mirada en el tema y conozca la problemática que enfrentan los enfermos de sida.
Consideró que pese a los desafíos que se deben afrontar, la política pública de defensa de los derechos humanos de las personas que viven con el VIH “va en la dirección correcta” y los cambios culturales hacia una mayor tolerancia y respeto se podrán percibir en el mediano plazo.
De acuerdo con datos estadísticos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el mayor número de quejas se deben al desabasto de medicamentos y la consecuente suspensión arbitraria de los tratamientos, así como a negativas de atención médica y tratos ofensivos y discriminatorios.
Hernández Forcada señaló que la interrupción arbitraria de los tratamientos ocasiona en los pacientes resistencia a los fármacos, lo que afecta su calidad de vida y pone en riesgo su salud.
En otros casos, dijo, hay tratos discriminatorios por ignorancia y prejuicios que condicionan el hecho de que no reciban atención médica adecuada, sobre todo, en hospitales y centros de readaptación social.