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Señala nexo AMLO-Zedillo

Asegura que un gran número de hechos peculiares, reforzados por citas e información que él menciona en su libro La Década Perdida, indica que hay una afinidad. Pone ejemplos: el retiro de cargos contra el tabasqueño por la toma de pozos petroleros y permitirle ser candidato al Gobierno capitalino sin reunir los requisitos legales
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David Aponte
El Universal
Miércoles 07 de mayo de 2008

david.aponte@eluniversal.com.mx

Carlos Salinas de Gortari está en plena forma política. Mantiene los reflejos, la articulación, la gesticulación. Se escabulle de las preguntas comprometedoras y sonríe con cinismo cuando se siente acorralado. Utiliza esa vieja práctica: sonreír.

No deja nada grabado, ninguna prueba de haber dicho nada o dejado de decir. Pero siempre es expresivo, mueve las manos y se coloca al filo del sillón cuando el tema le apasiona.

Recién empezó a circular su nuevo libro, una voluminosa obra de 511 páginas que le tomó ocho años, en el que hace una revisión crítica de tres administraciones, dos federales y una local, en una decena de años, que llama, evocando un titular de EL UNIVERSAL y un amplio reportaje en el Financial Times, La Década Perdida.

En su texto dispara contra los ex presidentes Ernesto Zedillo y Vicente Fox y el ex jefe de Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador, “dos neoliberales y un populista”.

—¿No son demasiados tres frentes abiertos? “Esto no es personal. Lo que está de por medio es el país”, ataja.

En el recibidor de su casa de Tlalpan tiene una foto que atrapa, una imagen de la mocedad. Aparece sonriente, de traje y pajarita, junto a su madre Margarita. La maestra se muestra orgullosa con su muchacho.

Salinas de Gortari está en la biblioteca, en la planta alta. Desciende poco a poco, lentamente, una metáfora de un retorno estelar en el terreno político, ahora sin persecuciones de por medio.

Se acomoda en uno de los sillones, los mismos que ocuparon los integrantes del gabinete económico y el presidente electo Ernesto Zedillo el 20 de noviembre de 1994, el día que no pudieron tomar un acuerdo para manejar una devaluación del peso y que semanas más tarde provocó la crisis económica de 1995. Ese día comenzó el rompimiento con el grupo zedillista.

De la pared ubicada al lado derecho cuelgan las seis bandas presidenciales, utilizadas en el sexenio 1988-1994, y fotografías de Salinas con jefes de Estado. Al lado contrario, una estatua de Benito Juárez y la bandera de México cerca del escritorio.

—¿Por qué no mencionar nombres en el libro?

—Pues yo creo que cualquier lector los va a encontrar en las páginas.

—Claro, claro, pero es como una manera muy sutil.

—No tanto sutil, sino es una manera de decir esto no es personal. Lo que está de por medio es el país y cuando de eso se trata, los individuos, las personas no son relevantes, sino los acontecimientos, los hechos y las decisiones.

—¿Es un libro para corregir rumbo?

—Nooooo. Creo que para evaluar, reflexionar y a partir de la reflexión preguntarse por qué perdimos esas oportunidades. En 94 arranca el TLC y la economía creciendo cuatro y medio por ciento. Hoy está a debate el TLC en las campañas norteamericanas y dicen: miren, arranca el TLC en 94 y 96-97 ya están medio millón de mexicanos viniéndose a Estados Unidos, la economía creciendo menos y la situación rural en México, un desastre.

“Y dicen. ¡Ah!, dos más dos son cuatro, el culpable es el TLC. Independientemente del instrumento que sea el TLC, aquí lo que hay que comprender es que han fallado las políticas públicas, entre esos hechos ocurrió una crisis de una magnitud económico-social sin precedentes de la revolución de 1910”.

—Pero la política es de percepciones. ¿Cómo respondería que esto no es un ejercicio de cinismo del ex presidente Carlos Salinas?

—La respuesta está en el primer libro que publiqué en el año 2000. Es un libro que después de haber rendido cuentas como Presidente de la República durante mi administración, con el libro lo hice ya terminada mi gestión y ahí abordo todos los temas que se han señalado, criticado o reclamado. Y una vez con esa rendición de cuentas viene la siguiente etapa, qué pasó después.

—¿Qué está buscando? ¿La reivindicación? ¿Qué está buscando? ¿‘Después de que me fui vino la crisis y lo empezaron a hacer mal’?

Evasivo, responde: “Yo creo que toda administración enfrenta problemas y al final deja un saldo de retos sin resolver y de activos para enfrentarlos; eso es normal en el quehacer político diario. Pero lo más importante aquí es que hemos ensayado en estos 12 años dos alternativas, la del neoliberalismo y la del populismo que no han solucionado nada”.

El ex presidente hace muecas, mueve los brazos y tensa los músculos, cuando se refiere y califica al populista que gobernó la ciudad de México, el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador. “Actuó con un populismo barato”, expresa.

“¡Exactamente! Me parece que más ha sido un populismo autoritario. Bueno, porque el atropello al estado de derecho fue implacable durante esos seis años, para qué hablamos de los amparos, ¿no?”.

—Pero también podríamos entrar a la reforma judicial durante el gobierno de Zedillo: técnicamente un golpe de Estado, desaparecer la Suprema Corte durante 11 días —se le menciona.

—Sí, a mí me parece que lo que resultó más desfavorable es que al usar las procuradurías para las agendas políticas, buscaron influir en decisiones judiciales que se acoplaran a sus diseños. Eso hizo mucho daño, sin lugar a dudas, en la impartición de justicia.

—¿No solamente fue el caso de Raúl Salinas?

—No, hubieron (sic) muchos ejemplos, creo que los afectados pueden en cualquier momento contar sus historias de acusaciones fabricadas, de procesos muy agresivos y al final, ¡salían exonerados!, pero después de reputaciones arruinadas y libertades canceladas.

El ex mandatario —el villano favorito de la clase política— aprovecha un momento de la conversación para hablar bien del trabajo del presidente Felipe Calderón. Lo hace cuando se toca el tema de la clase política.

—Este libro es el prólogo del desastre porque sigue siendo la misma clase política.

—Encuentro en el gobierno del presidente Calderón una acción reformadora. Realmente se han debatido mucho las reformas, pero se ha promovido, para dar un ejemplo, la de pensiones, que es una enorme reforma, que le dio viabilidad a parte muy importante de la actividad productiva del país. Ha habido un ánimo reformador que ha encontrado en una corriente modernizadora del PRI una respuesta responsable capaz de construir consensos y cumplir acuerdos.

—¿No le ve mucho tufo salinista a su proceder?

—Vuelvo a repetir (sic) que las circunstancias son tan distintas, la realidad es tan diferente que cada Presidente enfrenta su circunstancia, que busca tomar las decisiones en relación a lo que consideres mejor para el país.

Salinas se mueve en el sillón con la sola mención de López Obrador. El desprecio está presente hacia este hombre, que cataloga de populista autoritario.

—En el libro parecería que Zedillo y López Obrador se tocan.

—Yo cito varias fuentes que señalan muchos elementos de coincidencia, desde los hechos de 1996, cuando la invasión de pozos petroleros, las acusaciones del gobierno federal y luego echarse para atrás. O bien, darle la candidatura para la ciudad de México, sin reunir los requisitos legales.

“Son hechos peculiares que refuerzan las citas que yo menciono, señalan que hay una afinidad.”

—¿Hubo un proyecto político de Zedillo a favor de López Obrador? —Las citas y las informaciones que reproduzco en el libro, así muestran.

—¿Y cuál es la idea que le queda a Salinas?

—Que perdió el año 2006. Perdió Andrés Manuel la elección presidencial. Es el caso de tener el acuerdo; (perdieron) ellos dos.



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