jorge.ramos@eluniversal.com.mx
El Partido de la Revolución Democrática (PRD) llega a su 19 aniversario dividido en dos bloques en lucha a muerte por el poder, que colocan a la principal fuerza de izquierda en México al borde de la fractura total.
Producto de la elección de dirigentes, los principales actores están a punto de lograr lo que ni los videoescándalos, ni el ex presidente Carlos Salinas, pudieron: acabar con el PRD.
Jesús Ortega, de Nueva Izquierda (NI) y sorpresivo aliado de Cuauhtémoc Cárdenas, está en abierta pelea con Alejandro Encinas, de Izquierda Unida (IU) y apuesta de Andrés Manuel López Obrador. Ambos se han colocado el cinturón de seguridad, van en ruta de choque.
“(Ortega) ha planteado negociar incluso con Felipe Calderón, yo lamento que no quiera hablar con los propios miembros de su partido”, acusó Encinas, cuando su adversario rompió la semana pasada los puentes de diálogo con él.
“Como es su costumbre, Alejandro Encinas miente al asegurar que he planteado dialogar con Calderón, pues es mi convicción no reconocer un gobierno ilegítimo y producto de un fraude (…) Soy partidario del diálogo, pero con personas serias que cumplan su palabra”, reviró Ortega.
Ese es el nivel en el que se encuentra hoy sumido el PRD.
El nacimiento de un partido
En su libro La búsqueda. La izquierda mexicana en los albores del siglo XXI, Enrique Semo, militante de izquierda e historiador, sostiene que “el problema (del PRD) radicaba en cómo realizar la transición sin perder el sentido de misión, honestidad, el contacto con el movimiento social y la coherencia ideológica, dilema que sigue aún sin resolverse”.
En la izquierda mexicana ha predominado la falta de acuerdo. Esa situación pareció revertirse en 1988, cuando Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, emigrantes del PRI, lograron aglutinar a la izquierda partidista. Con el proceso electoral presidencial de 1988 encima, ambos rompieron con su partido e iniciaron la aventura del Frente Democrático Nacional (FDN), que el 5 de mayo de 1989 culminó con el nacimiento del PRD, ante unos 80 mil militantes reunidos en el Zócalo capitalino, cuando el Partido Mexicano Socialista (PMS) le cedió su registro.
El régimen de Salinas les fue absolutamente adverso: “Ni los veo ni los oigo”. Además, el PRD lo responsabilizó por la muerte aún no aclarada de más de 600 perredistas.
Bajo el liderazgo único de Cuauhtémoc Cárdenas, el recién nacido PRD en México empezó a crecer. Primero llegó a los congresos federal y estatales, luego su ascenso a gobiernos locales a mitad de la década de 1990: el DF en 1997, con Cárdenas a la cabeza, siguieron Zacatecas, Tlaxcala, Baja California Sur, Michoacán, Guerrero y Chiapas, en los tres primeros casos y en Chiapas con rupturistas del PRI (Ricardo Monreal, Alfonso Sánchez Anaya, Leonel Cota Montaño y Juan Sabines).
Sin embargo, 2004 fue aciago para el perredismo, su entonces presidente nacional, Leonel Godoy, vio cómo se les estropeaba su joya más preciada: la honestidad. Su propia ex presidenta, Rosario Robles, fue echada del partido por sus vínculos con los videoescándalos de perredistas influyentes con el empresario Carlos Ahumada en casos de corrupción.
Aparece AMLO
El 2006 se vislumbraba como el renacimiento del PRD. La figura de López Obrador no era eclipsada con nada. Sólo Cárdenas lo criticó y hasta buscó ser candidato presidencial, en contra de Andrés Manuel.
Ortega, respaldado por Cárdenas, a quien antes consideraba como un “liderazgo jubilado”, intentó ser candidato a jefe de Gobierno del DF, pero la instrucción de AMLO en favor de Marcelo Ebrard lo avasalló. En 2005 renovaron su dirigencia. No hubo otra vez quién se opusiera a lo que López Obrador deseaba: que Cota Montaño fuese presidente.
Llegó 2006 y la derrota electoral de López Obrador. Cuando el ex candidato presidencialse plantó en Paseo de la Reforma, quienes lo comenzaron a presionar para levantar el bloqueo fueron los seguidores de Ortega. Luego, adueñados de la coordinación parlamentaria en el Senado —con Carlos Navarrete— y la presidencia de la Cámara de Diputados —con Ruth Zavaleta—, Ortega se aprestó por tercera ocasión a buscar la presidencia nacional del partido. Sin embargo, las posturas dialoguistas de los cercanos a Ortega con el gobierno federal lo confrontaron con AMLO.
En 2004, el historiador Lorenzo Meyer vaticinaba:
“El Partido de la Revolución Democrática niño prometía mucho; ahora es joven y se le ven muchas malas mañas. Como no se podía quedar niño, hoy está en plena adolescencia marcada por actos de plena corrupción, no es una adolescencia de errores naturales, sino que ya hay perversidad en algunos de sus elementos. El PRD perdió la inocencia”.