juan.arvizu@eluniversal.com.mxAndrés Manuel López Obrador es miembro de la nomenklatura del viejo PRI, que defiende cuotas de poder real, asegura el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, y sostiene que el político tabasqueño, lejos de ser un político de izquierda, es un populista autoritario afecto a las prácticas más arcaicas del clientelismo.
El caso de López Obrador es el de un populismo ejercido desde el poder, como jefe de Gobierno del Distrito Federal, de donde tomó recursos públicos para la promoción de su imagen, financiar su campaña por la Presidencia y, luego, el conflicto postelectoral. Con todo ello, dañó al PRD.
Salinas de Gortari dedica un capítulo al estudio de López Obrador, como gobernante de la ciudad de México, con la premisa de que sus acciones de gobernante plasman su verdadera propuesta de nación.
La tarea de gobierno de López Obrador se parece al “populismo barato”, al equivalente demagogia, comenta. Al lado de populismo ruso del siglo XIX, o de los movimientos de masas de América Latina y México, anteriores a la Segunda Guerra Mundial, el que practica el tabasqueño, “resultaría un insulto”, comenta. Es uno de los atrasados del hemisferio.
La alternativa populista de López Obrador fue posible en México, por el desaliento que se manifestó en el periodo de Ernesto Zedillo Ponce de León, explica Salinas de Gortari.
Una de las consecuencias de ejercer el populismo desde el poder, ha sido “el debilitamiento de la participación popular” y de su propio partido político.
Es la primera vez que Salinas ocupa un amplio texto para referirse al ex candidato presidencial, quien escaló posiciones públicas con severas críticas a quien gobernó México de 1988 a 1994. En reciprocidad, Salinas de Gortari insiste en que el tabasqueño perdió la elección de 2006 por sus propios errores.
‘Desprecia’ al PRD
En análisis de Salinas sobre el perfil populista de López Obrador cubre las seis características que, anota, distinguen a los gobernantes de esa tendencia en América Latina en la segunda parte del siglo XX.
Los gobernantes populistas, expone el ex presidente, llegan al poder en elecciones y desde el gobierno violan la ley y los animan deseos reeleccionistas.
Debilitan a las instituciones, partidos y sociedad, ya que suplantan la voluntad popular mediante el maniqueísmo.
En ese sentido, el actual líder del Frente Amplio Progresista (FAP) es encuadrado por Salinas de Gortari, como un hombre que desprecia al PRD, “que se formó en las tradiciones más ortodoxas del viejo PRI, como miembro de su nomenklatura”.
Se beneficia de intimidar adversarios, movilizar masas, con el uso de recursos públicos. En el alegato del complot amedrentó medios de comunicación, con la receta antigua de “plata o plomo”, ya que dispuso de abundantes y no fiscalizados presupuestos, establece.
Para la movilización de simpatizantes en marchas y mítines del desafuero, campaña y conflicto posterior, dispuso de abundantes recursos financieros, que en parte provenían, expresa, de extorsiones a taxistas, vendedores ambulantes y de un “cochinito”.
El clientelismo del periodo de Andrés Manuel López Obrador se expresó en toda su magnitud en el creciente comercio ambulante de la ciudad de México y en los programas de vivienda.
La dádiva de recursos públicos fue la política social, con mecanismo de control de los grupos populares que volvieron dependientes del Partido de la Revolución Democrática.
Los beneficiarios de apoyos a la tercera edad eran citados a las manifestaciones de López Obrador y se les pasaba lista de asistencia; a la par brindaban apoyos a madres solteras, incapacitados, y se repartía leche para bebé y útiles escolares.
Cada dádiva estaba vinculada a López Obrador y su partido, sin previo estudio de la condición de los beneficiarios, y de esos manejos no hubo rendición de cuentas. Todo quedó como “confidencial”. La información de los grandes presupuestos de la ciudad de México fueron bloqueados como secretas, y se conoció, en 2006, como la entidad más corrupta.
De esa manera, el clientelismo que fomentó López Obrador fue similar a las peores épocas del PRI, y con ello se “debilitó el capital social.
El perfil populista se completa con símbolos de pureza, que esconden problemas y debilidades personales, y comportamientos de comparación con una especie de Mesías, con lo que copió uno de los más atrasados populismos de América Latina: el que se considera la encarnación de la voluntad popular, considera Carlos Salinas de Gortari.