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En la elaboración de biocombustibles en México se deben privilegiar las necesidades alimenticias de sus habitantes, por lo que se requiere ser cautelosos respecto al uso de insumos que compitan con la producción de alimentos.
Si bien la concreción de energía alternativa basada en el campo mexicano está en ciernes, la tendencia mundial obliga a que México avance en esa industria.
Para pensar en desarrollar el sector energético alternativo, urge conocer a fondo los flujos de producción y demanda de mercados energéticos, subraya el secretario de Agricultura, Alberto Cárdenas Jiménez.
“Sólo así podemos realizar un análisis de rentabilidad financiera y económica confiable. De esta forma, podremos tomar decisiones racionales y eficientes en materia de inversión pública y privada en ese sector.
“Para el gobierno federal, es prioritario asegurar el abasto de productos agrícolas para consumo humano y evitar a toda costa el desequilibrio en los mercados alimenticios. Sin embargo, al mismo tiempo debemos asegurar que nuestro país cuente con la energía necesaria para seguir produciendo y creciendo en el corto, mediano y largo plazo, aunque la producción de biocumbustibles se ve más al mediano plazo”.
Por ahora sólo hay proyectos en Sinaloa y Veracruz, pero aún no hay nada concreto entre productores de varios estados, por lo que estar industrializando esos productos sería en el mediano o largo plazo.
Cárdenas Jiménez subraya que en el asunto en cuestión se dará un orden a las cosas y anunció que en tres o cuatro semanas más se analizará el Programa Nacional de Bioenergéticos.
“Le apostamos más a otros productos que no sean maíz y caña, aunque no descartamos que con caña de azúcar ampliando capacidades ya instaladas, sistemas de riego, donde ya tenemos infraestructura primaria, donde más rápidamente podemos reasignar. Por ejemplo, con Pemex tenemos una línea de trabajo directa”.
Anticipándose a lo que pueda generarse en torno a esta industria que a nivel mundial empieza a dejar de ser una moda para convertirse en productos que se elaboran, comercializan y utilizan de acuerdo con su valor energético y a las condiciones del mercado, legisladores, investigadores y organizaciones sociales como Greenpeace en México han coincidido con el gobierno federal en no desproteger la alimentación y sostiene: “No se puede privilegiar alimentar a los automóviles antes que a la gente”.
Gustavo Ampugnani, director de campañas de Greenpeace advierte que México está en riesgo de perder su soberanía alimentaria, así como sucede actualmente en otros países, de no reglamentar y publicar normas oficiales adecuadas para preservar la producción de alimentos.
Dice que la Ley de Promoción y Desarrollo de los Bioenergéticos, publicada en el Diario Oficial a principios de febrero de este año, aunque no tiene al maíz en el “centro del huracán”, es decir no basa la generación de los mismos en la siembra de la oleaginosa, aún falta determinar, algunos puntos que de no atenderse, pueden llevar a México a una crisis alimenticia.
Algunos de esos puntos es que la ley permite la producción de bioenergéticos a partir de la caña de azúcar, hecho que dice Greenpeace, al retomar las experiencias en otros países que ya lo producen, no son buenas noticias para el sector, pues se generan con base en un ritmo acelerado de crecimiento con fertilizantes y salarios bajos para los que lo cosechan.
Otro de los puntos a discusión surgiría a partir de un enunciado en la ley, que “otorga permisos previos para la producción de bioenergéticos a partir del grano de maíz, mismos que se otorgarán sólo cuando haya inventarios excedentes de producción interna”.
En este marco, los investigadores de la UNAM, Emilio Romero Polanco y Alfredo Martínez Jiménez, coinciden en que si México utilizara maíz para biocombustibles, atentaría contra la seguridad alimentaria y beneficiaría únicamente a las grandes empresas.
Emilio Romero Polanco, del Instituto de Investigaciones Económicas considera que de iniciarse la fabricación de biocombustibles, la caña de azúcar resultaría más viable, pues no tiene el impacto económico y social del maíz y puede aportar ciertos excedentes.