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Senadores errantes en el salón del exilio

Senadores errantes en el salón del exilioSenadores errantes en el salón del exilio
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Juan Arvizu
El Universal
Martes 22 de abril de 2008

juan.arvizu@eluniversal.com.mx

El pleno roto, incompleto, sesionó en las alturas de la torre Caballito, distante de las ruidosas brigadas de adelitas, en cerco menguante sobre el Paseo de la Reforma; y el Senado volvió a lo suyo, legislar, pero bajo protesta, diría Alejandro García Cervantes, del PAN, porque la mayoría vive errante desde hace 11 días.

La tribuna de maderas finas de Xicoténcatl es todavía manzana de discordia de PAN, PRI, PVEM y Panal, frente a PRD, PT y Convergencia. Pero en el trabajo que nunca se ve, el estudio de proyectos de ley en comisiones, ayer hubo unanimidad en el esfuerzo y en el sentido del voto. Moros y cristianos, en el mismo plato, fuera del radio de registro de la prensa.

En la arena pública, la confrontación por el debate prosigue. Ayer, el presidente de la Comisión de Energía, Francisco Labastida, habló duro, en rechazo a la idea del FAP de que en el Senado se firme un convenio de vuelta a las sesiones.

—Dichos términos son inaceptables. Estábamos tratando de trabajar en un nuevo proyecto (de calendario de debates en materia petrolera), pero queda suspendido.

El presidente del Senado, Santiago Creel (PAN), endureció:

—No puedo permitir que la agenda del Senado la fijen actores políticos ajenos a las tareas legislativas.

Beltrones, el otro presidente del Senado bicéfalo, advirtió:

—Hay intentos por mandar al país a la deriva, y solicitudes que complican más un arreglo; esperemos que las posiciones radicales se ablanden.

Era mediodía en la torre Caballito. Piso cinco, territorio priísta, refugio del pleno, ayer sin la demasía de guardaespaldas ni exceso de vallas de Robocops y cascos.

El Senado itinerante luce bien sin el oropel habitual. Los pesados escaños son ahora sillas rotatorias del lugar. Nada de pupitres, de modo que a revisar papeles sobre las rodillas.

Dicen que las adelitas armaron su cerco sobre el Paseo de la Reforma. Al piso cinco no llega ningún decibel de las mujeres del movimiento de defensa del petróleo. La sesión transitó en la entrada de primera lectura de asuntos que más tarde pasaron a segunda lectura, discusión y votación.

En ese ejercicio de aparente rutina, Santiago Creel pareció encontrar satisfacción. Daba la apariencia de estar fuera de la tormenta, lejos de los truenos de las declaraciones del mediodía, como la del senador Rubén Camarillo, harto de que “alguien, desde fuera del Senado, golpee la mesa y todos (los del FAP) se alineen”.

—Con ellos, sin ellos o a pesar de ellos (los legisladores del FAP) vamos a debatir el tema petrolero.

En la edad del éxodo, la de ayer fue la tercera sesión, la del retorno al trajín, nada más que sin entretelones ni bambalinas.

Por eso, quedó a la vista del público el equipo de servicios parlamentarios, o sea, el cuarto de máquinas que mueven esa nave del poder. Son hombres y mujeres ágiles; a prisa doctores y maestros en derecho toman documentos, leen párrafos, ordenan papeles, como las velas de una carabela. Y le dan sentido y dirección a una travesía legislativa.

¿De que se complace Creel, si en el salón del exilio se resienten los ánimos ardientes todavía, que se van al Diario de los Debates, como un coro de “10 de abril no se olvida?”.

Los senadores dejaron su refugio antiadelitas como campo de desechos: botellas, vasos, papeles, como si ahí hubiera estado Homero Simpson.



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