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Burlan a las ‘adelitas’

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Francisco Reséndizy Arturo Zarate
El Universal
Viernes 18 de abril de 2008

francisco.resendiz@eluniversal.com.mxarturo.zarate@eluniversal.com.mx

En medio de un enorme despliegue logístico para proteger a los senadores del PAN y pese al extravío inicial de los senadores del PRI, las adelitas de Andrés Manuel López Obrador fueron burladas. El Senado de la República sesionó bajo un ambiente de crispación.

Las adelitas, de la resistencia civil pacífica, no se dieron cuenta cómo llegaron al mediodía los senadores del PAN a la sede alterna de Donceles 14 y menos de cómo se fueron al quinto piso de la torre del Caballito para sesionar.

La segunda sede alterna, la torre del Caballito ya estaba prevista desde la noche anterior, y fue un error del policía federal que conducía a los priístas, que también ya habían superado el cerco de adelitas, lo que llevó a usarla.

Para cuando el Pleno ya se había instalado y aprobado el exhorto a Marcelo Ebrard, para garantizar las funciones del Senado, y cuando su presidente, el panista Santiago Creel, había fijado una posición sobre el cerco… Intentaron reaccionar, pero ya era tarde.

Todo comenzó desde una noche anterior. Ya se analizaba un “plan c” ante los amagos de endurecer el cerco. Por la mañana personal de seguridad confirmó el endurecimiento de los grupos de mujeres de López Obrador.

A diferencia de priístas, la mayoría de los 51 senadores del PAN no tuvieron problemas para llegar a Donceles y de ahí ir a la torre del Caballito… Echaron mano de un despliegue coordinado por la Policía Federal.

Juntos, al mediodía, los senadores panistas salieron de la torre Azul. Abordaron un camión y escoltados por vehículos de la Policía Federal rompieron un cercó y llegaron hasta la calle de Allende. Ahí, en un edifico que dijeron era del IPN, subieron a varias camionetas.

Cinco camionetas, salieron del estacionamiento del inmueble por otra puerta que daba a la calle de Belisario Domínguez entraron a otro estacionamiento. Ahí, dos cinturones de seguridad, uno de granaderos de la policía capitalina; otro de adelitas, en cada extremo de la calle.

Ese estacionamiento cruza toda la manzana y comunicaba a las calles de Belisario Domínguez con República de Cuba. Rodeados por una nube de escoltas los senadores tomaron Cuba y luego el Callejón del 57. Bajaron entre cámaras, micrófonos y grabadoras. Le ganaron al cerco.

La historia priísta fue diferente. Los senadores se perdieron entre puestos de tianguis, calles cerradas, transeúntes, granaderos, adelitas y cientos de gritos de la resistencia civil de López Obrador contra la iniciativa de reforma energética presidencial.

Antes de la 1 de la tarde la zona de la Plaza Garibaldi se fundía en el calor de la crispación. Las adelitas se retaban con vecinos, insultaban a policías, cantaban y obligaban a bailar al extraviado que pasaba vestido de traje.

Los senadores priístas avanzaban en caravana. Tomaron PAseo de la Reforma y en eje 1 dieron vuelta a la derecha. Al frente un vehículo de la Policía Federal. De repente el oficial al mando se extravío. Desconoció el camino.

Ante la cercanía del cerco y de los manifestantes, el senador Manlio Fabio Beltrones mandó preguntar si había algo malo, ante la duda de los policías soltó: no hay condiciones. Entonces los priístas se fueron a la torre del Caballito. Ahí sesionaron.

¿Y los perredistas?

Los senadores del PRD… Ellos fueron victimas de su movimiento. A pie, los legisladores se apersonaron en las barricadas y al final sólo la mitad pudo llegar a la sede alterna.

A los legisladores Silvano Aureoles y Jesús Garibay no les creyeron y no llegaron.

Al segundo, según narraron los mismos perredistas, en la barricada pidió permiso para entrar. La gente le preguntó quién era y respondió que senador. “Demuéstrelo”, le exigieron. Se identificó y luego le dijeron “de qué partido”, respondió que del PRD “demuéstrelo”, le insistieron. No fueron a la sesión.



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