juan.arvizu@eluniversal.com.mxUna sonrisa de desprecio asomó en Manlio Fabio Beltrones, y enseguida perdió el dominio de su expresión: gritó, reprobó, protestó. La tribuna del Senado había sido tomada por 16 legisladores del Frente Amplio Progresista contra la reforma petrolera.
Aprisa, Carlos Navarrete, coordinador del PRD, entró al salón de sesiones. Sin voltear a la tribuna tomada por sus compañeros, fue directo a encontrarse con Beltrones, quien exigió la devolución de la tribuna.
Estaba en curso la detonación de actos de resistencia contra la iniciativa del Ejecutivo en materia de petróleo, rechazo al que era ajeno Navarrete, así como 20 senadores del PRD, que no fueron invitados por Rosalinda López ni Ricardo Monreal Ávila.
Los ademanes enérgicos, cortantes del priísta Beltrones daban el tono del reclamo a un Navarrete, desoído una y otra vez por los senadores del FAP en resistencia.
La sala de sesiones era un nido del caos. Hubo gritos y saltaron chispazos de odio y rencor entre bancadas; risas de placer surgieron de quienes subieron a la tribuna para quedarse allí durante seis largas horas, por primera vez en la historia del Senado de la República.
Santiago Creel Miranda, líder de la bancada panista en Xicoténcatl, era un gesto trabado en una pieza de mármol; Francisco Labastida, presidente de la Comisión de Energía, la del cabildeo del tema petrolero, caminaba sin brújula.
La sesión sin timonel fue a la deriva. La sorpresa de la toma de la tribuna había sido tan dañina como un iceberg en altamar. La crisis política invadía la casona de Xicoténcatl, como nunca.
El también panista José González Morfín, presidente en turno de la Mesa Directiva, abrió un receso, y con ello una batalla de ofensas entre senadores, mientras algunos intentaban calmar los ánimos.
Y el que tronó más fuerte fue Beltrones, en respuesta a gritos de Tomás Torres (PRD): “¡No nos secuestren!”. Más tarde exigió: Para que haya debate, “devuelvan la tribuna”.
Las adelitas cercaron Xicoténcatl. La toma de la tribuna fue la señal convenida con Claudia Sheinbaum, la capitana general. La tarde del miércoles, Andrés Manuel López Obrador visitó a la senadora Yeidckol Polevnsky en la casona y se retiró a las 18 horas.
Graco Ramírez (PRD), irritado lamentó ayer: “Andrés mandó que se tomara esto (la tribuna)”.
La estrategia del FAP, dijo Graco Ramírez “es desandar el camino del debate, reventando el acuerdo”.
Pablo Gómez, Arturo Núñez y otros perredistas naufragaron en sus escaños, mientras panistas y priístas se retiraban, y Beltrones y Creel llamaban “chantaje” a las medidas de resistencia de los senadores en rebeldía. Por la noche Navarrete, quien no pudo recuperar la influencia con los inconformes, abandonó las negociaciones en la Junta de Coordinación Política.
Dante Delgado (Convergencia) tomó la batuta, obtuvo que sus compañeros se bajaran de la tribuna, sin dejar el salón de sesiones, donde los panistas habían pegado mensajes de “Respeto al Congreso; no a la violencia”, en su área, antes ocupada sólo por avisos de “Favor de no estacionarse en elpasillo”.
Ante esa soberbia exigencia panista, sobrevino el naufragio.
Los panistas que habían privatizado su pasillo del molesto trabajo de los fotógrafos se quedaron mudos cuando los perredistas “se estacionaron”, pero en la tribuna.
Y la advertencia de Delgado fue rotunda: lo que se vio en el Senado es lo que pasará en las calles, entre los habitantes inconformes, si el tema no se resuelve en el ámbito parlamentario, advirtió.