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“No sabemos ser equipo y fracasamos"

“No sabemos ser equipo y fracasamos“No sabemos ser equipo y fracasamos
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TEXTO FIDEL SAMANIEGO
El Universal
Miércoles 09 de abril de 2008

fidel.samaniego@eluniversal.com.mx

Así es José Ramón Fernández. Él siempre tan... él. Una pasión a flor de piel. Una voz a la que le cuesta poco esfuerzo levantarse:

“¡Sí, es grave, muy grave. En México, ni en el deporte ni en la política ni en ninguna actividad sabemos trabajar en equipo! No hemos podido entender de qué se trata eso. Parece imposible lograr que haya sacrificio conjunto, disciplina. No, no podemos trabajar en equipo. Por eso no hay éxitos ni en lo deportivo ni en el gobierno. En los gabinetes presidenciables nada más no saben trabajar en equipo, y ahí es peor porque deberían estar para servir al país”.

Él, y su inconfundible estilo:

“Mire, sin embargo, yo creo que es más fácil que la Selección Mexicana llegara a ganar algún día el campeonato mundial de futbol a que tengamos un buen gobierno, que respondiera a todos, a los que lo eligieron y a los que votaron por otros”.

José Ramón Fernández tuvo una insólita aparición, la semana pasada, en un programa de Televisa. Su sola presencia despertó múltiples comentarios de quienes gustan del deporte y de los que son ajenos a él. Del raiting, ni hablar, alto.

—¿Por qué ahí, después de lo que dijo durante tanto tiempo?— le pregunta el reportero de EL UNIVERSAL.

—Bueno, en 35 años, jamás había estado en Televisa. En esta ocasión me invitó Denise Maerker. Me dijo: “Ven, vamos a hacer un programa sobre Hugo Sánchez”. Le dije que no, que yo no iba a esa empresa. Insistió. Después me hablaron de arriba... y fui, y la pasé muy bien.

—¿De qué tan arriba le hablaron?

—De arriba. ¡De lo más arriba!

—¿Entonces si es cierto que Emilio Azcárraga es su amigo?.

—Nos conocemos bien. No nos tratamos mucho, pero me parece una persona apasionada del futbol, inteligente aunque le vaya al América. Conoce la situación nacional; le da su lugar a la vida empresarial, al deporte. Se me hace un buen ser humano. Y bueno... pues ahí estuve.

—¿Y le dieron ganas de regresar ahí? ¿Se le volverá a ver en algún programa de Televisa?

—¡No! Una sola vez y ya. Lo hice porque ya no estoy en Azteca ni en ninguna televisora nacional. Estoy en una televisora americana muy poderosa, pedí permiso y me lo dieron. Fui a discutir sobre un tema del que todo mundo hablaba en ese momento: Hugo Sánchez. Pero fue una sola vez y ya.

—Ciertamente, el tema de Hugo Sánchez, su salida de la Selección Nacional le ganó esos días la atención a otros asuntos de carácter político.

—Eso me dijo Denise. En su programa de radio, de 100 llamadas, 60 eran para hablar de Hugo. A mí me da la impresión de que Televisa quería sacar a flote a Hugo, defenderlo. Pero creo que ahora si ya se dieron cuenta que es indefendible, que ya no hay por dónde.

Y sin pregunta de por medio, enfático, sigue de largo con el futbolero asunto:

“Mire, Hugo no es mi amigo, nunca lo fue. Pero yo creo que lo que tiene que hacer es irse a España, agarrar un equipo de media tabla o de segunda división, aprender, crecer, comerse el ego y la soberbia y después dar el salto”.

—¿Le duele haber salido de TV Azteca? ¿Hubo golpes bajos, traiciones?

—Ahí duré 34 años. Es mucho, sobre todo al aire. Creo que dejé alguna escuela, traté de formar periodistas. A lo mejor podría decir que tenía mal genio, que era gruñón, exigente, pero eso es parte de esto, de la vida ¿o no? Después del Mundial de Alemania me enfermé, paré un año y bueno... salí.

—¿Y qué de las traiciones, de los golpes bajos?

—Sí, las hubo, pero no pienso en ellas, no me quitan el sueño. Sí, sabía que las había, las sentía, las palpaba, las conocía, sabía quienes las hacían. Pero bueno, yo pensaba en trabajar como pensaba en salir adelante. Y tenía una buena relación con el dueño de la empresa, éramos buenos amigos, confiaba en él. No confiaba en su gente cercana, son cotos de poder muy fuertes. Y... bueno, el día que me tuve que ir, me fui.

—Usted dirigió los noticiarios. ¿Le gustó, o prefiere la información deportiva?

—Durante un año y medio fue director de noticiarios. Fue muy desgastante, muy difícil, muy complicado. Y es que te encuentras periodistas, pero también divas y divos. El periodismo en televisión, los noticiarios son de telepronter. Lo que dice ahí en esa pantallita es lo que se dice al aire. Sólo lo que dice ahí. No puedes salirte de eso. Y si te sales, acabas en el Periférico. En deportes nunca usamos telepronter, y que pasaba, que teníamos opiniones, puntos de vista, polémicas, cumplíamos con el público.

José Ramón Fernández, su pasión a flor de piel, su voz que no puede permanecer baja: “¡Cada cuatro años hay esperanzas, y después frustraciones con la selección. No aprendemos”! Y los medios también tenemos la culpa. ¡Y cada seis años, en las elecciones, lo mismo, esperanzas de que habrá menos pobreza, se terminará la corrupción, habrá un buen gobierno, y ante ello, otra vez demagogia y frustración”!.

Él a su manera: “Mi equipo, los Pumas. Mi partido político... ¡Ninguno! Felipe Calderón es un buen hombre, ojalá lo dejen hacer algo”.

Bebe agua. Se peina. Se ríe abiertamente cuando habla de la crisis del América: “¡Pobrecitos!”. Confiesa que hay un solo tema del que no le gusta hablar: mujeres, porque no se queda bien con nadie. Se emociona cuando habla de su hijo José Ramón que estudia una maestría de periodismo en España. Sabe que en el café en el que estábamos, es el centro de las miradas. Se despide. Se va. José Ramón, Joserra, el siempre tan... él.



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