fidel.samaniego@eluniversal.com.mx
Hablaron de sogas en las narices de los ahogados. Se pusieron sal y limón en sus respectivas heridas. Buscaron las pajas en los ojos contrarios para tratar de ocultar las vigas propias.
Así, desde la tribuna de la Cámara de Diputados, los legisladores perredistas pidieron la renuncia de Juan Camilo Mouriño a la Secretaría de Gobernación, le declararon ya culpable, se enojaron y ofendieron a sus rivales. Éstos, los panistas, por su parte, en un evidente cambio de estrategia pasaron al contraataque, criticaron la elección del dirigente nacional del PRD y dijeron que Andrés Manuel López Obrador es “antiguo aspirante, permanente suspirante y eterno conspirante”.
Unos y otros consumidos en el fuego de las simulaciones. Si en voz baja las voces de una y otra parte lamentaban los casos Mouriño y la frontera de lo legal con lo moral y la crisis por el sucio proceso electoral interno del perredismo, cuando hablaban ante los micrófonos o cuando aplaudían lo que se decía, parecían otros, aparentaban estar convencidos de sus afirmaciones. Y ante ello, mientras tanto, los priístas escuchaban, guardaban silencio, se regocijaban.
El tema, el pretexto, según se indicaba en el orden del día, era el debate sobre la comisión que investiga el supuesto ejercicio indebido de las funciones de Juan Camilo Mouriño. Para empezar, por el PRD, Octavio Martínez Vargas manifestó: “Ojalá que podamos tener una actitud vertical del gobierno federal, de retirar del cargo a este sujeto que, por cierto, no ha aclarado si es mexicano o español, que si es un indiciado y que ha aceptado los cargos públicamente”.
La respuesta del PAN no tardó mucho. El encendido yucateco Édgar Martín Ramírez Pech manifestó que no se ha presentado denuncia en la PGR para que se investigue a Mouriño, porque los seguidores del que, insistió en llamar “antes aspirante, hoy suspirante, siempre conspirante”, siguen fielmente la línea que indica: “¡al diablo con las instituciones!”. Después, irónico, el orador se refirió a las elecciones internas del PRD. Hizo enojar a Fernando Mayans, quien había pedido hacer una pregunta, y cuando tuvo la oportunidad de hacerlo, en burda referencia a la baja estatura física de aquel, le dijo: “reintegro de diputado”.
El debate siguió adelante. Por los priístas intervino Adolfo Mota, quien señaló que su partido no hará exculpaciones pero tampoco juicios a priori. Demandó que se cumplan los procedimientos legales en la investigación de Mouriño.
En el mismo sentido se pronunció Manuel Cárdenas, de Nueva Alianza, quien pidió que quienes tengan pruebas asistan ante las autoridades.
Pero el encontronazo entre los representantes de PAN y PRD tendría más expresiones. Así, unos censuraban que los otros pretendieran tender cortinas de humo para proteger a Mouriño y por ello se dedicaran a hablar de un asunto que no es suyo, la elección perredista. Y éstos insistían en el cuestionamiento: no se valen los juicios sumarios, las imputaciones sin pruebas, mejor ocúpense de limpiar el sucio proceso electoral interno.
Un debate incómodo para unos y otros. Gestos que intentaban ser de sonrisas y quedaban en muecas. Interpelaciones amañadas. Preguntas y más preguntas que en realidad eran acusaciones y que no tenían respuestas cabales.
Y ante ellos, entre unos y otros, tranquilos, cómodos, los priístas encabezados por Emilio Gamboa escuchaban, observaban, sonreían...