juan.arvizu@eluniversal.com.mxAsí como llegó, murió la comisión Mouriño sin haber naci-do. Bastó que Manlio Fabio Beltrones, el líder de los senadores del PRI, retirara su apoyo al PRD para que se viniera abajo el patíbulo al secretario de Gobernación.
Esta es la crónica de una tragedia anunciada, que no pasó del sobresalto, del susto, el martes, cuando los senadores panistas se hundieron en sus escaños al escuchar que el PRI sumaba sus votos en bloque con el PRD-Convergencia-PT, para integrar una comisión que fincaría cargos de conflicto de interés y los que resultasen contra Juan Camilo Mouriño.
Crónica de tres tiempos. Primero: Carlos Navarrete (PRD) muestra en tribuna papeles con la firma de Mouriño, el martes, en una sesión tensa, que presagiaba tormentas.
Segundo tiempo: aparece en la oficina de Santiago Creel, ese día, el consejero jurídico de la Presidencia, Daniel Cabeza de Vaca, con el análisis legal del episodio, según el cual la estratagema perredista es banal.
Esa noche, en el Auditorio Nacional, la presidenta del Partido Revolucionario Institucional celebra los 79 años de su partido. No toca a Mouriño ni con el pétalo de una palabra del discurso.
Tercer tiempo: es jueves y Navarrete dice que no se necesita una comisión Mouriño en el Senado de la República para investigar al hombre más importante entre los colaboradores de Felipe Calderón Hinojosa. Se debilita su frente de ataque al proponer: “Que Mouriño se defienda”.
¿Cómo se llamó la obra? Quizá pueda nombrarse con palabras de Beltrones, el que entre sesión y sesión dio y quitó el apoyo priísta: “Nosotros no somos el Ministerio Público”, dice el político que en el salón del pleno calza gafas para ver de lejos y leer de cerca.
Habla largo con el panista Humberto Aguilar y con los suyos: Jesús Murillo, Francisco Labastida, Carlos Jiménez Macías. No va el PRI con un PRD que no le ha mostrado prueba alguna y a ciegas, no.
Eso era en la mañana, y para las 17:00 horas, las puertas de Bucareli se abrían de par en par a ese sonorense adelantado en la práctica del quid pro quo. Así llama Beltrones, en latín, a la negociación política, en la que es un lobo, y que en castellano de la ciudad de México se diría “toma y daca”.
Nunca un panista habría recibido a un priísta con ánimo más amable, como el titular de Gobernación, Mouriño, a Beltrones, quien andaba ocupado en Xicoténcatl en “que nadie sea linchado anticipadamente”.
Lo que ya no tiene arreglo es el daño mediático a la imagen del joven funcionario federal.
Entre los panistas se considera que hubo un efecto como del escándalo Hildebrando y el fraude cibernético. Mismo patrón de ataque.
Si el jueves Mouriño respiró tranquilo, merced a las artes del rey del quid pro quo que es Beltrones, entre escaños del PAN señalan que hay que ver la reacción del presidente Felipe Calderón Hinojosa cuando regrese al país.
¿Conviene que siga en Bucareli un amigo desgastado, aun cuando sólo haya firmado la renovación de contratos existentes desde 1985? Si algo tiene Calderón es que es un político muy práctico, recuerda la bancada del PAN al volverle el color azul.
Queda Mouriño en el limbo, mientras que en el pleno se ocasiona por tercer año consecutivo un vacío político a la celebración del Día Internacional de la Mujer, por parte de los senadores.
En 2006, a las senadoras no les dieron turno en la tribuna; el año pasado el tema fue de relleno, y ayer no había más de 40 legisladores. Sin quórum, expusieron la condición de la mujer, pero también la del hombre:
“¿Los maridos serán discapacitados a los que hay que servirles la cena?”, preguntó la senadora Blanca Judith Díaz, mujer de doble y tercera jornada, “como muchas mexicanas”.