Buscar en:
 
El estallido le cambió la vida a 180 otomíes

Deberán vivir en carpas en la calle mientras terminan los peritajes
El estallido le cambió la vida a 180 otomíesEl estallido le cambió la vida a 180 otomíes
- A   A   A +

Claudia Bolaños
El Universal
Domingo 17 de febrero de 2008

claudia.bolanos@eluniversal.com.mx

Para 26 familias otomíes la vida no será la misma: tendrán que vivir en la calle... son los damnificados de una bomba que explotó a unos metros de la Zona Rosa.

El pan y la sal serán compartidos por 180 personas. Unas carpas en la vía pública serán su morada hasta que las autoridades concluyan los peritajes sobre el siniestro. Todos vivían en el 346, inmueble que invadieron hace 15 años.

Huevos con salsa verde, café y leche les fueron repartidos a las 26 familias, quienes están al cuidado de la Secretaría de Protección Civil y del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF-DF).

Sanitarios portátiles, catres, cobijas y alimentos han sido repartidos a indígenas provenientes de Querétaro, quienes integraban la asociación civil Otomí-Zona Rosa.

Uno de ellos, Ezequiel Esteban, de 18 años, fue liberado tras su captura en el predio. Fue hallado por policías; dormía a pesar de la fuerte detonación. Al parecer estaba ebrio

Para entretener a más de 60 niños de la comunidad, les repartieron juguetes. De inmediato utilizaron como cancha de futbol una de las laterales de avenida Chapultepec, cerrada por el campamento.

“Pasamos hartito frío; aunque las autoridades nos repartieron unas cobijitas, estaban retedelgaditas y no logramos calentarnos”, mencionó una mujer.

Ese predio está en negociación entre el dueño y el Instituto de Vivienda (Invi) del DF, dijo Raúl Chaparro, representante del grupo.

“Queremos una solución a nuestra demanda de vivienda. Siempre se le ha planteado al Invi, ya lo sabe el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard; él ya dio las instrucciones, pero el Invi ha retrasado las cosas, dijo.

Las familias otomíes seguirán su vida en las carpas a la espera de la valoración estructural del lugar, con la esperanza de recuperar sus pertenencias y sus viviendas.

La mayor parte de esas personas se dedican a vender artesanías y a limpiar parabrisas, por lo que su situación económica es precaria.

Guadalupe recuerda que al momento del estallido hacía los quehaceres hogareños y para pasar mejor el rato escuchaba música.

“Cuando oí la explosión, pensé que venía de la radio, pero al escuchar los gritos y corredero de gente dije ‘ah, chirrión... y ora’, luego unas vecinas me dijeron que me saliera”.

El gobierno del DF ofreció un albergue al grupo, pero no aceptaron.



Home   >   México

 

El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL