alberto.morales@eluniversal.com.mx
En 1979, Colombia firmó un tratado de extradición con Estados Unidos, para juzgar en las cortes de ese país a los capos de droga. Un poderoso grupo de narcotraficantes que se denominó Los extraditables, entre quienes figuraba Pablo Escobar Gaviria, se opuso a toda costa.
Ese fue el inicio de la negra historia de lo que los especialistas han llamado el narcoterrorismo.
Ante los golpes del gobierno colombiano a los intereses económicos del crimen organizado, la estrategia de los cárteles fue dirigir su artillería hacia las instituciones, jueces, policías y políticos, que fueron acallados por medio de bombazos y jugosas recompensas por atentar contra policías y oficiales de alto rango del Ejército.
Todo para detener, bajo cualquier precio, los juicios de extradición.
Los medios de comunicación fueron otro de los blancos del narcotráfico colombiano. En septiembre de 1989 un coche bomba hizo explosión fuera de las instalaciones del diario El Espectador, en la capital Bogotá. Dos meses después 50 kilos de dinamita destruyeron el periódico La Vanguardia Liberal, de la ciudad Bucaramanga, el saldo fue de tres muertos y siete heridos.
Pero la historia más encarnizada y sangrienta fue la guerra personal que sostuvieron el general Miguel Maza Márquez, que a principios de la década de los 90 dirigía la DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), la policía secreta colombiana, y Pablo Escobar, líder del cártel de Medellín.
El 6 de diciembre de 1989, Los extraditables dieron una prueba de su poder. Un autobús cargado con 500 kilos de dinamita destruyó el edificio de la DAS, el objetivo era matar al general Maza, quien de acuerdo con los reportes de la prensa sobrevivió “milagrosamente” al atentado. El saldo fueron 40 muertos, 112 heridos y 700 lesionados.
El brazo del narcotráfico también se dejó sentir en la política de Colombia. Luis Carlos Galán, quien denunció a Escobar públicamente por estar vinculado con la mafía, en 1989 estuvo a un paso de culminar su carrera política como presidente de Colombia.
El entonces aspirante en dos ocasiones por el Partido Liberal Colombiano a la Presidencia, había recibido ya varias amenazas, Galán fue asesinado en un mitin electoral el 18 de agosto de 1989, en Soacha, Cundinamarca.
César Gaviria, jefe de debate en la campaña de Galán, fue designado su sucesor y fue finalmente vencedor en las elecciones de 1990.
Al cártel de Medellín se le atribuyeron más de 4 mil asesinatos de periodistas, jueces, fiscales, policías; Pablo Escobar pagaba 2 millones de pesos colombianos a quien asesinara un policía en Medellín, lo que provocó la muerte de mas 300 policías.
Carlos Mauro Hoyos, procurador general de la Nación fue ultimado el 25 de enero de 1988. Los extraditables confirmaron el asesinato del jefe del Ministerio Público.
Visto a la distancia, el estallido de un artefacto explosivo en la ciudad de México, en Avenida Chapultepec, el viernes pasado, como una acción de respuesta del cártel de los hermanos Beltrán Leyva y Joaquín El Chapo Guzmán, parece encontrar puntos en común con la historia colombiana.
En los últimos 60 días autoridades federales y locales han dado golpes directos a las estructuras del crimen organizado, mismos que han producido bajas, capturas de sicarios, decomiso de armamento y droga, que en la última semana se estiman en 60 millones de dólares.
México al igual que su par colombiano también ha suscrito acuerdos con EU para la extradición de criminales reclamados por ese país.