francisco.resendiz@eluniversal.com.mxEl Consejo General del Instituto Federal Electoral (IFE) dejó de ser un ente que confrontó por meses a las fuerzas políticas nacionales. El consenso se alcanzó a partir de cuotas partidistas. También se cerró así el capítulo de la polémica elección presidencial de 2006.
Fueron dos meses de negociaciones, al final salieron tres consejeros y llegaron tres más. De Luis Carlos Ugalde todos sabemos que renunció en diciembre tras una lucha, en solitario, sin éxito, contra la reforma electoral que, según él, acotaba al IFE.
Pero, ¿por qué se fueron Alejandra Latapí y Rodrigo Morales?
La mañana del miércoles, la negociación en la Cámara de Diputados se incrementó. Se barajaron nombres. Al final, el PRD empujó al nuevo consejero presidente Leonardo Valdés Zurita y logró la salida de Alejandra Latapí y de un amigo del presidente Felipe Calderón. En otras palabras, el sol azteca fue el gran ganador.
En San Lázaro, los diputados del PRD exigieron la cabeza de Latapí por las posiciones públicas que mantuvo respecto a la participación del Consejo Coordinador Empresarial en la campaña presidencial de 2006, y luego agregaron que su desempeño era de los más bajos entre todos los consejeros.
En el IFE la consideran una “guerrera”, no por dar la cara tras la salida de Ugalde, sino por ser la única que ejerció presión en áreas administrativas del organismo. Dicen que Latapí recibió con desgano la tarea de organizar la consulta ciudadana para al reforma electoral.
Fue responsable de que se ejercieran casi 12 millones de pesos en las Jornadas Ciudadanas para la Reforma Electoral, pero el resultado de éstas se entregó al Congreso de la Unión cuando la reforma electoral estaba “amarrada”.
De Rodrigo Morales la negociación partió primero de la amistad que, dicen, mantiene con Calderón, y luego de no cumplir el requisito de tener al menos el grado de licenciatura para ser consejero.
Lo cierto es que también fue producto de la negociación. El bajo perfil, las pocas participaciones en el Consejo General y la falta de licenciatura pasaron a segundo término, y se impuso la negociación política. Al final fue moneda de cambio para el PRI y el PRD y “sacrificable” para el PAN.
Quienes llegaron también están “amarrados” con cuotas partidistas. Leonardo Valdés Zurita, apoyado por mayoría del PRD; Benito Nacif, cobijado por AN, y Marco Antonio Baños, por el PRI.
Valdés Zurita votó contra el registro de Andrés Manuel López Obrador a la candidatura por la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal por no tener la residencia mínima. Esto se lo recriminó el ala radical vinculada al tabasqueño. Luego fue el responsable de organizar la elección local de 2000 donde López Obrador ganó por cinco puntos al panista Santiago Creel. No hubo impugnaciones.
A Marco Antonio Baños prácticamente lo corrieron del IFE. Oficialmente porque se le acabó su contrato en 2003, pero se sabe que tuvo fuertes enfrentamientos con la consejera Lourdes López, en especial por el manejo oscuro de recursos en el organismo donde laboraba desde hace 17 años.
Benito Nacif es un politólogo de primer nivel, enérgico crítico del trabajo del Poder Legislativo. Desde el Monitor legislativo, donde se sigue de cerca el trabajo de diputados y senadores, puso ante la opinión pública la labor de legisladores.
Pero la llegada de Valdés Zurita a la presidencia del IFE no fue ajena al jaloneo político entre el PAN y PRI. Ahora se sabe que Germán Martínez y Manlio Fabio Beltrones buscaron con un frenesí de última hora apoderarse del cargo. Del amago mutuo llegó el pacto. El PRD se aferró a la presidencia del IFE con la complacencia de sus rivales políticos. Así se acabó la confrontación que paralizaba al sistema electoral mexicano.