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Pesadilla en Tijuana:“policías me encañonaban”

Minutos después del tiroteo del 17 de enero en la “casa de piedra”, Antonio Martínez fue detenido por 7 días; fue liberado al no hallarse pruebas de que disparó un arma
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JULIETA MARTÍNEZ/CORRESPONSAL
El Universal
Lunes 28 de enero de 2008

TIJUANA, BC.— Las amenazas por parte de agentes de la Policía Federal contra Antonio Martínez Zarzosa-Guerrero, mientras lo encañonaban con sus rifles R-15, cambiaron su vida para siempre.

Los elementos policiacos lo detuvieron después de sostener la más intensa balacera contra presuntos delincuentes que haya registrado esta ciudad. Lo señalaron como supuesto responsable de haber disparado contra ellos. Estaba en su domicilio, en la calle Agua Prieta del fraccionamiento Cortés, a 50 metros de la “casa de piedra” donde se ocultaban los verdaderos responsables, ubicados como presuntos integrantes del cártel de los hermanos Arellano Félix.

Nada se dijo sobre quién disparó desde el exterior del domicilio donde se atrincheraron los sicarios. Durante casi una hora, militares y policías trataron de detener a los agresores pero no lo lograron.

Siete días después, el Ministerio Público lo halló inocente tras haber solicitado una ampliación del tiempo de arraigo en las instalaciones de la Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).

Pese a la impresión que aún lo mantiene afectado, aceptó relatar su experiencia, interesado “en que las cosas se aclaren” después de que fue señalado como presunto integrante del crimen organizado.

“Es algo que todavía traigo, está muy reciente, pero algunas cosas que se han publicado no son ciertas”, explicó por la vía telefónica desde Veracruz, a donde viajó para estar con su familia y “para tratar de olvidar el calvario” que sufrió desde su detención, el traslado a la ciudad de México y la incertidumbre mientras esperaba el resultado de la averiguación del Ministerio Público.

También pretende sentar un precedente y advertir que gente inocente puede ser señalada culpable en el clima de violencia que se vive en esta frontera. “Estamos a merced de ellos, de que en cualquier momento nos detengan”, afirmó.

Entre la impotencia y el terror

“Me apuntaban con sus armas y me golpeaban a cada momento”, recuerda el joven sobre aquel jueves 17 de enero en que comenzó una pesadilla que difícilmente olvidará, porque lo acusaron de participar en el enfrentamiento a pesar de que no había ningún indicio de ello.

Agentes federales lo detuvieron fuera de su hogar del que le hicieron salir minutos después de la refriega; le pidieron que se identificara, le preguntaron si se encontraba solo en la vivienda y solicitaron permiso para entrar a su propiedad. Él aceptó porque quería colaborar, pues a pesar de que los disparos habían cesado, escuchó que llevarían un lanzagranadas, indicio de que la situación no estaba controlada.

“Yo estaba confiado, decidido a colaborar porque estaba en mi casa y el que nada debe nada teme”, recuerda al explicar que se hallaba en shock porque nunca había escuchado una balacera y menos durante tanto tiempo. Al principio los agentes se mostraron amables, después, cuando lo tuvieron bajo control, vino la brutalidad, las amenazas, los golpes, la acusación injusta y el traslado a México donde se averiguaría su situación, era lo que más le afectaba a Antonio, pero no le aterrorizaban tanto como la posibilidad de que también detuvieran a su padre.

De hecho, recuerda que en medio de la angustia y terror que vivió, sintió un ligero alivio cuando no reconoció la voz de su padre entre los detenidos. No podía ver porque le cubrieron el rostro con el cuello de “tortuga” de su camisa.

Martínez-Zarzosa, ingeniero industrial de 31 años de edad, fue declarado libre por el Ministerio Público Federal que no encontró elementos en su contra. La prueba de rodizonato (para detectar residuos de pólvora por usar un arma de fuego) resultó negativa y esto deshizo la acusación de que había disparado contra las fuerzas federales, como argumentó el director de Aproximación Social de la Secretaría de Seguridad Federal, Édgar Millán, al dar a conocer su detención sin revelar la identidad del tijuanense.

El punto final del capítulo llegó el miércoles 23 de enero, casi una semana después de su detención.

La experiencia cambió la vida de la familia Martínez-Zarzosa Guerrero y los unió más. Conocieron la solidaridad de la población tijuanense que les manifestó su respaldo y disposición de iniciar un movimiento para que liberaran a Antonio.

Su padre, Antonio Martínez Zarzosa, explicó que ayudarán a su hijo a retomar su vida. De 57 años de edad, aclara que no está en contra de que se combata la delincuencia, pero que se haga dentro de los términos de ley, sin afectar a inocentes.



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