juan.arvizu@eluniversal.com.mxCasi 20 mil 740 millones de pesos costó a contribuyentes el funcionamiento ordinario cotidiano de partidos políticos durante los últimos 11 años, época de vacas gordas para organismos chicos y grandes, pues el flujo de dinero público, de acuerdo con registros del IFE, creció en pesos reales, a pesar de que la población cargó con sacrificios económicos.
Mientras la gente enfrentó problemas de empleo, poder de compra e insatisfacción de necesidades en educación, salud y alimentación, así como la carencia de apoyos para proyectos productivos, los partidos iniciaron un viaje en la bonanza.
Informes de fiscalización del IFE a los institutos políticos reflejan la facilidad con la que se desprendían recursos en consumos de los grupos que controlan a las organizaciones.
Camionetas, boletos de avión, aerotaxis, celulares, oficinas confortables para jefes con grandes salarios, incluso superiores al del Presidente de la República sepultaron el pasado de restricciones de la oposición. Empezó la época de informaciones oficiales de lo que recibe el partido en el gobierno.
La nueva competencia por el poder con dinero de impuestos alcanzó para dejar a un lado “el amor a la camiseta” y la intuición de líderes naturales, pues entronizaron consultores por contrato y encuestadoras. Casi desaparecieron las rifas recaudadoras de recursos propios y las cuotas de militantes son algo parecido a una leyenda urbana.
El cheque mensual de la Secretaría de Hacienda, siempre puntual y equivalente a más de 90% de los gastos del día a día, operó una transformación: los partidos dejaron de parecer una suma de voluntades en torno de un ideal; embarnecieron y lograron la talla de corporaciones patronales.
Hoy, cada partido político maneja nóminas que los equiparan con una empresa: tienen demandas por despido, retienen impuestos a trabajadores, pagan prestaciones, abastecen sus almacenes con materias para operar y rentan servicios y lugares.
Un año —que para el mexicano actual empieza con una cuesta económica en enero y finaliza al destinar el aguinaldo a adelgazar deudas— encierra una consigna para los partidos políticos: a gastar todo, sin generar utilidad monetaria alguna.
La devolución de haberes hecha por Felipe Calderón cuando fue líder panista (40 millones de pesos) es impensable en un sector que, en contraste con recursos que recibe, es asolado por obligaciones bancarias.
La idea de que en México la democracia es cara, la definió con nitidez una cuenta adicional a la del gasto diario de los partidos: más de 7 mil millones de pesos suministró el erario a dichas entidades para cuatro campañas federales ricas, destinadas a conquistar el voto de un pueblo pobre.
El Congreso atacó ese encarecimiento e introdujo cambios a la Constitución y la legislación, entre octubre y diciembre pasados. Hay una prohibición de comprar spots y se recortan los tiempos de campañas; ello supone que a partir de la próxima elección federal del 2009, dejarán de gastarse miles de millones de pesos.
Sin embargo, el Poder Legislativo dejó abierta la llave del “financiamiento público a actividades ordinarias permanentes”, que en 2007 fue de casi 2 mil 686 millones de pesos.
Esos recursos disponibles para el día a día de los ocho partidos fueron 129.2% más que los mil 67 millones 929 mil 100 pesos, con 72 centavos, del primer gran presupuesto de la era de la abundancia, el de 1997.
Los recursos de hace 11 años en pesos reales de diciembre pasado equivalen a 2 mil 79 millones 830 mil 787 pesos con 46 centavos.
Al año, el dinero para gastos de partidos creció más que la inflación (94.66%, en el periodo) y agregó un “copete” de 35% con respecto del monto inicial en los años 90.
La reforma electoral de 1996 multiplicó el dinero para partidos, con el fin de protegerlos de presiones de grupos con poder financiero.
El Ejecutivo consideró que nuevas reglas darían transparencia a las operaciones financieras de partidos. Además, todos recibirían recursos.
La reforma electoral de 2007 dejó intocada dicha fuente de dinero, carente de transparencia y mecanismos de rendición de cuentas que pongan el estilo de vida de dirigencias más cerca de contribuyentes, cuando pagan, y electores, si votan.
La opacidad en gastos puede ejemplificarse con un pago del PAN por 11 millones 999 mil 100 pesos, por una “prestación de servicios según contrato”, del 19 de abril de 2006, a Hildebrando, SA de CV. Al analizar este reporte, el órgano fiscalizador del IFE requirió el contrato al partido y a la empresa, con la advertencia de que la omisión era causa de una sanción. Nadie aclaró nada.
Desde junio de 2002, los estados financieros de partidos son publicados en la página web del Instituto Electoral Federal (IFE), así como los dictámenes sobre los informes anuales que dan referencia general de en qué se gasta el dinero público.
En reportes de más de 700 páginas, la dirección ejecutiva de Prerrogativas y Partidos Políticos informa sobre investigaciones de presuntas violaciones a la normatividad. Por esa rendija y con más de un año de distancia, al menos, la opinión pública puede documentar parcialmente en qué gastan su dinero las entidades promotoras de la vida democrática.
De esa forma se constata que en los años recientes los partidos políticos destinaron la mayor parte de sus recursos a salarios, mantenimiento y operación de oficinas; también en asesorías, estudios políticos, de medios, de imagen de líderes.
Sobre transporte de personas: boletos de avión, vehículos, gasolina, reparaciones mecánicas, tenencias, seguros de autos, incluso contratación de autobuses para actos masivos, se suma a viáticos, comida y hospedaje.
Es una constante el equipamiento de oficinas centrales con computadoras, enlaces en red, rentas de internet. Lo moderno es contratar servicios de limpieza y seguridad privada a empresas que provean trabajadores por temporada.
Cuentas de electricidad, agua, gas, predial, correo y telégrafo, compra de libros, materiales promocionales, productos de aseo, se pierden ante los ceros en facturas de impresos finos, salones para convenciones, teléfonos de línea fija y celular. La modernidad y comprar todo hecho caducó el uso de imprentas propias.
A los líderes, las reglas les permiten alquilar vehículos, rentar aviones, y usar recursos sin restricciones.
En el periodo de 11 años, hubo varios recortes al presupuesto federal y ninguno repercutió en las asignaciones a los partidos políticos. Tampoco ninguno puso el freno al consumo.
Con el arranque de 2008, las reglas del dispendio siguen vigentes.