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Desde las explosiones en los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex) en Veracruz y Tabasco perpetradas por el Ejército Popular Revolucionario (EPR) en junio de 2007, la paraestatal ha evidenciado una serie de deficiencias en materia de seguridad física.
Una tras otra, las fallas y la falta de medidas de seguridad revelan que la industria petrolera mexicana es “vulnerable” a intentos de sabotaje o actos que pueden desestabilizar no sólo a esa industria, sino al país.
Apenas este sábado una decena de “borrachos”, como los calificó la versión oficial de la dirección corporativa de Comunicación Social de Pemex, lograron penetrar las instalaciones en la comunidad de El Salitre, en Celaya, Guanajuato.
Los actos ocurrieron casi en el mismo sitio en el que hace seis meses un comando del EPR hizo estallar ductos.
Apenas el pasado 16 de noviembre, el secretario de la Defensa Nacional, general Guillermo Galván Galván, manifestó que no es posible otorgar seguridad a todas las instalaciones de Pemex, debido a que éstas abarcan una gran superficie del territorio nacional.
El gobierno federal decidió otorgarle 200 millones de pesos adicionales al presupuesto asignado al Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) para 2008, con el fin de reforzar los esquemas de inteligencia y seguridad en el país, especialmente en instalaciones estratégicas como Pemex.
EL UNIVERSAL ha dado cuenta de cómo la industria petrolera se convirtió en blanco del terrorismo o de actos de sabotaje; parte del sistema nacional de refinación integrado por los complejos refinadores de Cadereyta en Nuevo León y Salamanca en Guanajuato, así como las plantas petroquímicas de La Cangrejera y Escolín, en Veracruz, continúan operando con medidas de seguridad ineficientes y poco seguras.
A pesar de ello, la vigilancia alrededor de la refinería de Cadereyta —a 40 kilómetros de la ciudad de Monterrey— es nula, a pesar del desplazamiento de más de 3 mil efectivos de las fuerzas federales.
En la refinería, localizada sobre la carretera federal hacia Reynosa, Tamaulipas, la ausencia de efectivos policiacos o de militares dentro y fuera de la planta, permite que cualquier persona pueda introducirse.
Por si eso fuera poco, dos de los seis complejos petroquímicos que opera Pemex presentan vulnerabilidad en sus sistemas de seguridad y acceso de personas a las instalaciones.
Los complejos La Cangrejera —la primera planta productora de petroquímicos del país— y Escolín, padecen serias deficiencias en sus controles de acceso y salida de las instalaciones, es decir, cualquier persona puede ingresar con el consecuente riesgo que ello representa para la integridad física del personal, instalaciones, bienes y valores de Pemex.
La Secretaría de la Defensa Nacional le habría recomendado a Pemex Petroquímica y en especial a estas dos plantas, la instalación de dispositivos de seguridad física para evitar daños e incrementar la seguridad.
El pasado viernes 21 de diciembre, este diario informó que Pemex buscaría reforzar las medidas de seguridad para el ingreso de personal, visitantes, proveedores y contratistas en la Torre Ejecutiva de la empresa que se ubica en Marina Nacional en el Distrito Federal, para evitar el ingreso de personas que pongan en riesgo a los usuarios, oficinas o documentación del principal centro administrativo de la paraestatal.
El director de Pemex, Jesús Reyes Heroles, aseguró que la empresa recibirá recursos adicionales para destinarlos sólo a la seguridad física de las instalaciones petroleras —tentativamente 3 mil millones de pesos en 2008—.
Pero el problema es que las instalaciones petroleras siguen siendo vulnerables, pues si a ellas logran acceder grupos guerrilleros o simples “borrachos”, cualquiera puede hacerlo.