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La nicotina se ha convertido en la droga de diseño más perfecta que existe y difícil de dejar, aun con tratamientos personalizados como los que se realizan en las clínicas antitabaco del país.
De 10 personas que desean dejar de fumar y acuden a una clínica antitabaco, nueve lo logran temporalmente, porque al año, de esta cifra 50% recae en este vicio, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud.
Dejar de fumar sigue siendo una tarea muy difícil para quienes han adquirido este hábito, pese a que todos los avances en esta materia, reconocen expertos de las clínicas antitabaco que hay en México.
Y la realidad es que son más las personas que se suman al hábito de fumar, se estima medio millón por año, que las que desean dejar ese hábito, de las que no hay cifras nacionales.
Tan sólo en la clínica antitabaco del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) de la Secretaría de Salud, considerada la pionera en programas antitabaco y formadora de otras clínicas en el país, se atiende a 400 personas por año. En México hay 17 millones de fumadores y sólo 250 clínicas para dejar de fumar.
Lo grave, advierte Justino Regalado, responsable de la Clínica Antitabaco del INER y jefe del departamento de Investigación en Tabaquismo de este lugar, es que las personas que dejan de fumar son reemplazadas por más personas que empiezan a fumar, y esto hace que el número de fumadores vaya aumentando.
Por eso, asegura, es necesario “cerrar la puerta de entrada a nuevos fumadores”. De ahí, afirma, la importancia de la iniciativa de ley que busca ambientes 100 por ciento libres de humo y aumentos a los precios de los cigarros para que éstos sean inalcanzables principalmente a los jóvenes.
Los especialistas recuerdan que la nicotina es la droga de diseño más efectiva por el nivel de dependencia física y, principalmente, sicológica, que desarrolla en el individuo, y contra ella, muy poco se ha podido avanzar.
Para Guadalupe Ponciano, responsable de la Clínica Antitabaco de la Facultad de Medicina de la UNAM, el tabaquismo es una enfermedad crónica, progresiva y adictiva, que puede llegar a ser mortal, porque es un factor de riesgo para muchos padecimientos como cáncer, males cardiovasculares, aneurismas y afecciones del sistema respiratorio, como enfisema pulmonar y neumonía.
La nicotina, asegura, es una droga que genera dependencia porque el organismo se acostumbra a ella y la tolera.
“Estamos peleando contra la droga de diseño más perfecta que existe. Entra al cuerpo e inmediatamente se activa”, alerta Justino Regalado, responsable de la Clínica Antitabaco del INER.
La lucha, asegura, es contra un enemigo poderoso que es la nicotina que provoca una adicción más fuerte que la cocaína, heroína y el alcohol.
Sobre el éxito o fracaso de las terapias de reemplazo de nicotina, que se encuentran en diversas presentaciones como chicles, parches, inhaladores o medicamentos de última generación que no tienen nicotina, los especialistas coinciden que estos tratamientos tienen que evaluarse a largo plazo, porque una persona que desea dejar de fumar tiene todo un ambiente en su contra donde el humo de tabaco se encuentra por todas partes. Además que no basta con que el fumador tenga fuerza de voluntad, ya que se está hablando de una adicción, por lo que se requiere de una atención médica y sicológica.
Y como en toda adicción, dice Justino Regalado, hay múltiples recaídas. “Habitualmente las personas hacen dos o tres intentos y finalmente abandonan por completo la nicotina”, señala. En el caso de la clínica antitabaco que él dirige, el éxito de la mayor parte de los programas y tratamientos oscila entre un 35% y 50% al año.
Por ello, insiste que para evaluar el éxito de las terapias para dejar de fumar se debe hacer a largo plazo. “El programa en la clínica consta de cinco semanas, en donde 90% de las inscritos logra dejar el cigarro, pero el problema es que el número de personas que se mantienen en abstinencia va decayendo conforme avanza el tiempo”, admite.
No hay fármaco milagroso
Desde su experiencia, la meta en torno al consumo de tabaco sería encontrar un medicamento que resolviera y mantuviera en abstinencia al mayor número de personas, pero hasta el momento, indica, no hay ningún fármaco milagroso.
Sin embargo, recuerda que hace 30 años, no había ningún tratamiento para dejar de fumar, y lo único que se tenía era la fuerza de voluntad de la persona. De ahí, que 95 de cada 100 volvían a fumar antes de que terminara el año.
Después, relata, llegaron los sustitutos de la nicotina como las gomas de mascar y los parches, por lo que este porcentaje se incremento en 22%; es decir, de cada 10, ocho volvían a fumar y dos se mantenían en abstinencia.
Cuando se introdujo el bupropion, que es un antidepresivo, este porcentaje se incrementó en un 30%.
En la actualidad hay algunos medicamentos más eficaces como la Vareniclina, producto que no contiene nicotina y cuyo mecanismo está enfocado a inhibir la acción de la misma en el sistema nervioso central del fumador, con el que las cifras se incrementan hasta 50%.
“Vamos avanzando, sin embargo, es tan compleja la adicción a la nicotina, que el hecho de que la mitad de las personas recaigan nos hablan de lo complicado que es este mal”, señala el especialista quien afirma que lo recomendable es que la persona no fume, principalmente los jóvenes, pues están cayendo en este hábito a edades muy tempranas.
Sin embargo, comenta, a diferencia de los hombres, las mujeres que fuman tienen más tempranamente efectos dañinos en su salud.
Dependiendo del número de cigarros que consuma una persona se puede evaluar el grado de dependencia que tiene a la nicotina, y para ello, los expertos aplican algunas preguntas, entre ellas, si transcurren menos de una hora entre que el individuo despierta y se fuma su primer cigarrillo, “lo que nos habla de una persona con un alto nivel de adicción, al igual que la persona que se fuma más de una cajetilla de cigarros por día”, expone el doctor Justino Regalado.
Este grupo, asegura, tendrá más dificultades para dejar de fumar, a diferencia de otros que ocasionalmente fuman uno que otro cigarrillo, los cuales si desean dejarlo no presentaran con tanta fuerza el síndrome de abstinencia por la falta de nicotina, donde la irritabilidad, ansiedad, cambios en el estado de ánimo, depresión, sudoración y taquicardia, son los síntomas más frecuentes.
Por eso, indica, cuando una persona desea dejar de fumar y pasa varias horas comienza con ansiedad, y si está en lugares donde no se permite fumar, enfrentarán problemas.
Guadalupe Ponciano, de la Clínica Antitabaco de la Facultad de Medicina de la UNAM, advierte que en el tratamiento para dejar de fumar no sólo debe participar el fumador, sino también el médico.
“No es como dar un antibiótico para una infección y garantizar que la persona lo tomé. Estamos hablando de una adicción que sufre una persona que lleva años fumando y que requiere que el médico le aconsejé, pero lamentablemente no lo hace porque también es fumador”, revela. Eso, reconoce, hace que las posibilidades de éxito de una persona para dejar de fumar bajen.”
Para ambos especialistas, las personas que quieran dejar de fumar lo pueden lograr, aunque reconocen que habrá recaídas, “pero no es porque fallé el tratamiento, sino porque la industria tabacalera ha diseñado un producto que engancha a sus consumidores a no dejarlo por su poder adictivo”, aseguran.