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Transcurre el estreno del “declaródromo” de Xicoténcatl: un micrófono sobre una base de metal, frente a cámaras de televisión a una sana distancia del presidente del Senado, Santiago Creel (PAN), quien dice una sentencia inaugural: “La política no es de extremos, es de puntos intermedios”.
Empieza el día y la política real hace de las suyas.
Por la puerta lateral de Donceles, mientras habla Creel, entra Jorge Alcocer con el rostro descompuesto, y un propio de la oficina de Manlio Fabio Beltrones lo conduce por “lo oscurito”, un atajo que pocos conocen, hasta el despacho del priísta.
Alcocer aspiró a consejero del IFE, pero fue excluido en el primer filtro que pusieron los diputados en San Lázaro, lo cual se consideró una derrota que impacta intereses de Beltrones.
La política, sin embargo, sigue activa. A lo largo del día, las principales fuerzas se tensan en la redacción de la controvertida iniciativa del nuevo Cofipe.
El trabajo se ha vuelto desesperante. Los integrantes de la comisión de Gobernación trabajaron hasta casi las tres de la madrugada, han vuelto esta mañana, se han encerrado a deliberar, y nada. No pueden.
Cuando faltan 10 minutos para las cuatro de la tarde, alguien reventará la sesión, al dejar en evidencia falta de quórum. Sólo estarán 46 de 128 senadores.
Esperaban la misma iniciativa que no termina de nacer. Entre tanto, la política real genera una escena única:
Entra al salón del pleno el holandés René Van Der Linden, presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Es recibido de pie, con aplausos de las bancadas; conmueven al visitante la simpatía y calidez de los senadores.
Apenas el jueves estuvo ahí mismo el líder del Senado de EU Harry Reid (demócrata). No conoció el afecto de la Asamblea.
Fríos o cordiales, los senadores de la 60 Legislatura, también tienen garras. El recuerdo de las andadas de Carlos Arce Macías, subsecretario de Normatividad, Inversión Extranjera y Prácticas Comerciales de la Secretaría de Economía, logró poner de acuerdo a todos en su contra. Plusmarca.
Culpan a Arce de cruzar los brazos del gobierno ante la amenaza comercial china. En los días de la Comisión Permanente, señalan, Arce dijo que quienes no puedan competir con los chinos se dediquen a otra cosa.
Francisco Arroyo (PRI), sin mencionarlo por su nombre, lo ningunea desde tribuna; lo menciona como “el tipo”, que en otro régimen hubiera sido despedido. Luego, brillan colmillos de tiburón, cuando el panista Döring dice el nombre de Arce para culparlo de traición a la confianza de senadores.
Pero nadie le reprocha nada al responsable de todo, el jefe de Carlos Arce, el secretario de Economía, Eduardo Sojo. “La política es de puntos intermedios”, diría Creel.